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Una conexion extraña- Cap.8

Tom despertó a causa del repentino silencio. La micro estaba quieta. Ni siquiera el motor estaba funcionando. Miró hacia el frente, confuso, y vio los asientos de delante completamente vacíos. Sólo en el pasillo había una persona, una persona que caminaba hacia ellos.+
-El recorrido terminó -les dijo el conducto- . Váyanse a su casa.
Tom, estupefacto, se acercó a la ventana de la derecha, botando a Bill sobre el asiento, y miró afuera.
-¿Dónde estamos?
-En la zona norte -dijo el hombre, volviendo a la parte delantera de la micro.
-Estamos en L.A., ¿verdad?
-Claro que sí. ¿Qué pensabas, mocoso?
Bill se despertó, restregándose los ojos, y miró alrededor.
-¿Dónde... ?
Tom le pasó la mochila, que había caído al piso de la micro, y sin más, lo asió de la mano.
Bill fue de su mano por el pasillo, bajo la mirada fastidiosa del conductor.
Afuera se podía oír el lejano sonido de los automóviles, y pudieron ver que el pavimento estaba mojado bajo sus pies. Los gemelos atravesaron el lugar, que estaba lleno de micros desocupadas, hasta las rejas de salida. De inmediato se toparon con la vereda ancha, frente a la cual estaba una autopista por donde pasaban los autos en dirección al norte.+
-Nunca he venido aquí.
-Pues yo sí -dijo Tom, mirando con expresión preocupada a su alrededor- , y estamos lejos de casa. Una vez me escapé para venir a una fiesta de universitarios.
Bill volvió a tomar de la mano a Tom, al ver que un hombre los miraba de reojo en la vereda.
Había poca gente por ahí, pero había muchos autos en la calle, cuyas luces delanteras los encandilaban, sin dejarlos ver a más de diez metros de distancia. Por otro lado, los únicos edificios que se vislumbraban eran los de fábricas y oficinas.+
-¿Qué vamos a hacer? -preguntó Bill, apretando fuertemente la mano de su hermano con la suya, la cual Tom misteriosamente no había soltado.
-Llamaré a papá... si es que me queda dinero.
-Yo tengo dinero en el celular -dijo Bill.3
-Debiste mencionarlo antes
Bill se descolgó la mochila y sacó el celular de un bolsillo interior. Al encenderlo, se fijó en la hora, quedando momentáneamente de piedra.
-¿Qué pasa?
-Son las once y cinco.
-Claro que son las once. Es tarde -dijo Tom por lo bajo, de malhumor.
Bill esperó a que, por el tono de Tom, le recriminara algo, pero su gemelo no añadió nada más.+
Marcó el número de Will, y sujetó el polerón de Tom de la manga. Así se sentía un poco más seguro.
-¿Hola? Soy Bill.
Tom lo miró atento mientras hablaba con Will.
-Estamos en... no lo sé.... Ehm...
Tom le quitó el celular.
-Estamos en la Interestatal 5, casi saliendo de la ciudad, al norte.
"-¿En la autopista? -oyó la voz alarmada de Will, mientras miraba a su hermano, que lucía asustado a su lado- ¡¿Cómo fueron a parar allí?!"+
-Nos quedamos dormidos en la micro. Luego te explicamos.
"-Está bien. Esperen allí. Enviaré a un policía."
-¡No a la policía!
Pero cortó demasiado pronto. Tom hizo un gesto obsceno al celular y se lo devolvió bruscamente a Bill.
-Ahora.... Iremos a una parte más concurrida. Vamos.
Tom caminó hacia la izquierda de la vereda, seguido de Bill, quien miró de reojo al hombre de antes, para asegurarse de que no los seguía.
Encontraron un paradero varios metros más allá. Había tres personas allí, cargadas de maletas. No se veían muy confiables, pero al menos lo parecían más que el hombre de antes. Bill aún tenía su imagen siniestra en la cabeza
-¿Y si no nos encuentra? -le preguntó a Tom, asustado.
-No tires malas vibras. Sí nos encontrará.
Bill se sentó en el suelo, afligido, y se dedicó a mirar a ambos lados de la calle. Tom se mantuvo de pie, mirando hacia el lado izquierdo, lugar desde donde vendría el coche de policía.
Fue buena idea esperar en un paradero. El auto del policía se detuvo junto a este, y preguntó por los "hermanos Moore"+
-¡Somos nosotros! -gritó Bill, levantándose de un salto, y chocando a Tom en el acto.
Cuando llegaron a casa, William los esperaba afuera, yendo de un lado al otro como león enjaulado.
En cuanto los vio bajar del auto, se lanzó a abrazar a Bill.2
-¡Hey! ¡Yuuhuuu! ¡También estoy aquí! -avisó Tom.
-¡Llamé al instituto y dijeron que se habían marchado sin permiso! -les dijo Will, esta vez mirando a Tom.+
-Fue con permiso. El profesor me dijo que fuera tras Bill y...
Se calló al ver que su padre fruncía el ceño.
-Yo fui el que escapó primero -intervino rápidamente el chico de cabello negro, al ver venir un torrente de preguntas de parte de su padre- . Yo fui el culpable, así que...
-Es que peleamos -lo interrumpió Tom. Bill lo miró exasperado- . Fue mi culpa, me enojé por una estupidez y él se fue por eso.
-En realidad sí fue una estupidez. Yo insistí que llevara paraguas, pero Tom no quiso y yo insistí... No debí haber insistido.+
-¿A dónde querías que Tom llevara paraguas? -preguntó Will, con el ceño fruncido.
-Afuera, al patio -dijo Tom- . Estaba lloviendo y pues... ¡Uff! Debía llevar paraguas, la verdad. ¿Recuerdas que el año pasado me resfrié por no salir con paraguas a la calle por cinco minutos?
-Tú nunca te resfrías, Tom.
-El año pasado me resfrié. Acuérdate -le masculló por lo bajo.
-Tú eres un hombre fuerte y saludable, Tom -dijo Bill con aire de solemnidad- . No te resfriarías por una nimiedad así.+
Tom rió por lo bajo.
-Sí me resfriaría, soy muy débil, en realidad. Me alimentó de puras porquerías y...
-Está bien, está bien, pausa -dijo Will. Alzó la vista y miró al policía, que todavía tenía el auto estacionado frente a la casa- . Puede irse, iré mañana a la comisaría.
-Entendido, señor -dijo el policía.
El auto partió con un suave ronroneo del motor, y se fue por la larga calle.
-No van a llegar a ninguna parte con este debate, pero me alegra que intenten defenderse el uno al otro.
-No estaba intentando defender a Bill -dijo Tom, sonrojándose a la velocidad de la luz- . Sólo digo la verdad. Hice una tormenta en un vaso de agua.
-Eso es cierto -dijo Bill, alzando las cejas.
Tom lo fulminó con la mirada.
-Está bien. Ahora entren a casa. Tengo que pensar en un castigo.
-¡¿Qué?! -dijo Tom, indignado.
Al día siguiente el cielo estuvo despejado por primera vez en días, pero aún hacía algo de frescor.. Volvieron a ir con chaquetas, y el pelo de Bill volvió a ceder, perdiendo el volumen que a él le gustaba. Esa mañana en su habitación individual había intentado por todos los medios levantarlo un poco, sin éxito. Incluso Tom notó el cambio
Al contrario de otras veces, Tom no se fue del todo callado en el camino al colegio. Se fue silbando una canción, mientras Bill lo observaba desde su posición, varios pasos por detrás de él. Además no pudo evitar alegrarse por el hecho de que Tom se hubiera puesto el jockie que le había comprado, y también la polera que, según él, le quedaba demasiado ajustada. Con ella se le contorneaban un poco los músculos de los brazos, y lo hacía ver aún más guapo de lo que ya era. Su hermano coqueteó de lo lindo con las chicas que se cruzaban mientras caminaban durante los treinta minutos que tardaban en llegar al instituto.
Pasaron por el detector de metales, totalmente limpios de armas, cortaúñas u otro tipo de objeto cortopunzante, y caminaron por el pasillo.
Bill, por pura inercia, se detuvo al lado de los primeros casilleros, y siguió con la mirada a Tom mientras este se adelantaba. Sin embargo, su hermano se detuvo.+
-¿Qué pasa? -le preguntó, tras voltearse a verlo.
Bill lo miró, confuso.
-Aquí es... donde nos separamos.
Tom endureció un poco la mirada, y sin más se acercó a él.
-¿Y sigues con eso?
Lo empujó por la espalda y luego caminó a su lado por el pasillo. Bill esbozó una sonrisa, sintiendo que se le anudaba la garganta. Algo le ocurría a su hermano ese día, y no tenía nada que ver con el cambio de clima. El silbido, la forma de caminar, todo eso era nuevo. Parecía más relajado, como aliviado de algo, y eso lo confundía. Ayer se habían perdido por su culpa, por su borrachera, a causa de la cual no recordaba nada, y Tom no le recriminaba nada. Eso era lo más raro. Y ahora le decía que no siguiera con eso y lo acompañara en el camino hacia el salón, como si hubiese sido él el de la idea de separarse una vez hubieran pasado por el detector de metales.
No obstante, aquel sueño acabó una vez entraron al salón. Tom se acercó rápidamente a sus amigos y los saludó animadamente. A Josh le pasó el brazo por el hombro y le dijo algo en voz baja, borrando la expresión de desconfianza del rostro de este.+
Le había pedido disculpas. Bill se sintió aliviado ante eso, pues no quería que se quedaran enemistado por alguien externo al grupo.
Su sorpresa fue mayor cuando Josh y Tom se acercaron a su puesto, el primero muy tímidamente, yendo dos pasos por detrás de su hermano.
-Hey, hola -lo saludó Josh.
-Hola -lo saludó Bill, con una sonrisa.
Este frunció el ceño ante tal muestra de cordialidad.
Bill vio cómo Tom le empujaba el hombro, y contuvo una risita.
-Quería disculparme... por lo de ayer, es decir... por empujarte.
Bill lo miró fijamente , y luego miró a Tom.
Su hermano probablemente le habría dicho que se disculpara, siendo que ni él se había disculpado por el empujón de ayer. Estaba actuando de una manera muy cobarde.+
-OK -le dijo, sin mirarlo, molesto.
Fingió leer su libro de Física, sin prestarles atención, a pesar de que ellos seguían allí.
-¿En serio? -preguntó Josh.
-Sí -dijo, aún más fríamente.
Vio por el rabillo del ojo que Tom tiraba de la manga de la polera de Josh, para que se fuera.
-¿Y a ti qué te sucede? -le espetó Tom, cuando Josh se hubo ido.
-Nada.
Tom frunció el ceño, sorprendido ante lo fría de su voz.
-Tú sí que das miedo con tus cambios de humor.2
Bill se quedó callado, jugueteando con su pulsera de cuero.
-Podrías intentar disculparte también -se atrevió finalmente a decirle.+
Eso a Tom lo pilló desprevenido.
-¡A sus puestos, señores y señoritas! -dijo el profesor de Física, entrando al salón.
Tom se fue a su puesto, con cara de pocos amigos.
Tom intentó captar la mirada de Bill durante la clase, pero su hermano no le prestó atención. Parecía repentinamente interesado en la Física del profesor Bowie. Intentó hacer lo mismo a la hora del almuerzo, pero Bill estuvo conversando con Miranda un buen rato, sin prestar atención a nada más.2
A la salida de clases, Miranda logró captar la atención de Bill nuevamente. Tom la vio salir a su lado por las puertas del edificio, y aunque se fue en compañía de sus amigos, estuvo todo el tiempo pendiente de ambos. ¿No se suponía que los gemelos siempre estaban juntos?
Cerca de casa, se despidió, como era la costumbre, de Steve, y ese trecho lo recorrió solo. Bill acababa de entrar a la casa. Era su oportunidad.
-¡Buenas tardes!
Al entrar encontró la casa sumamente silenciosa. Fue derecho a su habitación a dejar su mochila.
-¡¿Bill?! -lo llamó, mirando de soslayo hacia la pieza del chico- ¿Bill?
Caminó hacia su habitación, comenzando a asustarse, y se asomó por la puerta, la cual Bill había dejado entreabierta.1
Entonces, de la nada, apareció un horrible monstruo que le hizo dar un salto y un grito ronco de terror.
Dio un paso atrás y apareció Bill frente a él, desternillándose de risa y con la máscara en la mano.
-¿A qué juegas?
Le quitó la máscara y la miró.
-¿De donde la sacaste? Está genial.
Era una mezcla de vampiro con demonio, y tenía una expresión intimidante y fea, pero sumamente realista.
-Miranda me la regaló. Tiene montones en su casa. Ya se está preparando para Halloween.
-Ah, sí. Miranda se luce en Halloween. ¿Cómo es que te dio una a ti? Las hace ella misma.
-Sí, me lo contó -dijo Bill, sentándose en la cama- . Dijo que no asustaré a nadie con la cara que tengo.2
Puso una casa que pretendía intimidar, pero no lo logró.2
-¡Te asustaste! -le dijo, apuntándolo.
-Me asustan más tus cambios de ánimo. Me estás mareando.
Tom se paseó por la habitación arrastrando los pies. Bill dejó de sonreír lentamente.
-Lo siento -dijo entonces Tom.
El chico de rastas corrió la silla del escritorio y se sentó, mirando la pieza detenidamente, mientras Bill le sonreía con una expresión de gratitud.
No había mucho que ver en aquella pieza, excepto por algunos adornos como atrapasueños con plumas blancas y negras, posters de pinturas de Guayasamín y posters de sus cantantes favoritos.
Se quedaron un momento en silencio, observando la pieza semivacía. La luz anaranjada del sol se colaba por las ventanas, tiñendo la cubrecama de azul.
Bill se levantó de la silla, observando la expresión contemplativa de Tom, y se detuvo frente a él, para tenderle la mano.
Tom le miró la mano, al principio sin entender el porqué. Sin embargo, sin darle mucha importancia a esto, se la estrechó, haciendo aparecer en el rostro de Bill una agradable y bella sonrisa que él copió a la perfección.

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