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Una conexion extraña- Cap.7

Los días siguientes fueron mucho más difíciles que los anteriores, William decidió volver al plan inicial de poner a Bill en otra habitación, y con la ayuda de este, despejó el chiquero de la pieza del fondo, mientras Tom escuchaba desde la sala de estar. Al fin podía tener privacidad en su propia pieza, sin embargo, cuando la cama de Bill ya no estuvo en su habitación, esta se tornó bastante solitaria.
Comunmente durante las noches llegaba a su pieza y hallaba a Bill medio dormido en su cama, boca arriba, y luego, cuando él se ponía a jugar al playstation, lo observaba durante una hora o dos. Había terminado por acostumbrarse a esa rutina y jugar al playstation se tornó bastante aburrido.
Esto lo alarmó de sobremanera, pero cuando dejó de ubicar a Bill en los almuerzos en el patio, empezó a inquietarse de verdad. Durante ese primer mes, Bill se había trasladado de mesa en mesa hasta quedar en una lo suficientemente cerca de la suya para escuchar sus conversaciones con sus amigos. No sabía si era un metiche o algo, pues ni siquiera le molestaba que lo hiciera. Cada vez veía mas diferencias entre ellos, no obstante, también sentía más confianza, aunque eso equivaliera a que lo tratara cada vez peor.
-¡Aiiiirsh! ¡Me tienes harto!
Le dijo eso en medio de uno de los descansos cortos. Bill le ofreció su paraguas cuando mencionó que iría al patio a buscar una pelota de basketball. El patio se estaba deshaciendo bajo los pies del alumnado y Tom pretendía ir con la lluvia torrencial cayéndole encima.+
-Estás lloviendo, Tom. Podrías pescar un resfriado.
-No me pasará nada. Soy un hombre fuerte.
Casi toda la clase los estaba escuchando. Era la primera pelea pública que tenían.
-¿Y qué me dices de tu ropa? ¿Pretendes mojar todo el pasillo cuando vuelvas? -le replicó Bill, tratando en vano de hablar con mal tono. Estaba harto de que sólo Tom le hablara con crueldad.
-No te metas.
-Se te desteñirá la ropa
-Oh, eso es de maricas, Tom -le advirtió Josh por lo bajo.
-Me importa un bledo si se me destiñe la ropa.
Bill le extendió el paraguas, insistente.
-Lárgate, me estás colmando la paciencia.
Bill alejó el paraguas de él.
-Va a importarte después. Te preocupas de cómo te vistes tanto como yo, Tom.
Hubo un murmullo general. Bill tragó, dándose cuenta de que había tocado la vena más sensible. Tal como supuso, Tom dio un paso hacia él de una manera intimidante.+
-¿Me llamaste metro sexual?
-Sí -dijo, con la voz más firme de lo que esperaba.
Hubo más murmullos. Bill miró alrededor, un tanto temeroso.
Entonce sintió un empujón, que casi lo botó al suelo. Se afirmó de una de las mesas a duras penas, alzando la vista a su hermano, que lo observaba enfurecido.
Oyó a algunas chicas exclamar asustadas.
-¿No es metro sexualidad tener un estilo de ropa, Tom? -le insistió, sacando más valentía de la que tenía.
-¿Así que vas a seguir? -preguntó Josh, mientras él se levantaba del suelo- Estás ofendiendo a Tom, ¿Lo sabías?
-Sí, porque quiero que se den cuenta. No hay nada de malo en ser metro sexual. ¿Por qué sólo las chicas pueden preocuparse de cómo se visten?
Las chicas se miraron entre ellas.
-Acéptalo, tú y tu grupo, Tom, son igual de metro sexuales que yo.5
Pensó que Tom lo volvería a empujar, pero esta vez no fue él, sino Josh. Lo agarró del cuello del polerón y lo empujó, apoyando la mano en su pecho, haciéndolo caer al suelo.
Lo que pasó luego ni siquiera él lo pudo predecir. Tom reaccionó de inmediato, dándole un fuerte empujón a Josh, haciéndolo chocar contra unas mesas.5
-¿Qué bicho te picó, Tom? -le dijo Mike, extrañado.
Bill se levantó del suelo, adolorido y miró a su hermano, pasmado. Tom seguía fulminando a Josh, intimidante.
-Tom, ¿No puedes ser un poco amable? -intervino Miranda, inesperadamente- Bill sólo se preocupa por ti
Bill apartó la mirada de Tom, sintiéndose enrojecer al notar que volteaba la cabeza para verlo. Su vista fue a parar a la mochila, y por un instante fugaz, tuvo la loca idea de largarse del colegio en ese preciso instante y desaparecer de la vida de Tom.+
-Bill -oyó a su hermano llamarlo.
Lo miró, esperanzado. ¿Iba a disculparse?
-No vuelvas a meterte en mis asuntos.
Nada. ¿Qué más podía esperar de él? Era Tom el duro, no Tom su hermano gemelo.1
-¡A sentarse todos! -dijo el profesor desde la puerta, sobresaltándolos.
-No le hagas caso, Billy -le dijo cariñosamente Miranda, posando una mano en su hombro.
Pero no podía ignorarlo. Lamentablemente no era de las personas a las que sencillamente les resbalaban los insultos. Tom había ido demasiado lejos por una nimiedad como un paraguas.
Fue lentamente a su puesto, se sentó, y tomó su mochila entre sus manos, mientras el profesor hacía un memorándum de la clase anterior.
Recordaba que mamá decía que cada vez que se sintiera deprimido, cantara, cantara con todas sus fuerza. Parecía una buena idea en esa ocasión. Miró por la ventana del salón hacia el pasillo. Era ahora o nunca.
-¿Señor Moore? ¿Qué hace?
En un segundo, se había levantado y puesto la mochila para largarse de allí de una vez por todas.
-Señor Moore, vaya tras él y pregúntele qué pasa -le dijo el profesor a Tom, cuando Bill se había ido de sala sin dar ninguna explicación.
-Está claro qué pasa, profesor -intervino Margaret- . Tom es un desalmado, y todas las chicas sabemos de lo que se preocupa Bill de Tom todo el tiempo.2
Tom escuchó a las chicas atentamente. Estaban diciendo lo mismo que su padre: "Creo que no te has percatado de toda la atención que te presta".+
-Ve tras él, Tom -le dijo Miranda- ¡Anda ya!
Tom asintió torpemente con la cabeza y arregló lo más rápido que pudo su mochila.
Aún bajo la lluvia torrencial, Bill no se detuvo hasta que llegó al mall. Tom lo siguió todo el camino hasta allí, sin atreverse a alcanzarlo y hablarle. Por primera vez en su vida estaba avergonzado de sí mismo, y se sentía tremendamente incómodo ante ese sentimiento.
Su hermano fue a parar hasta un salón de eventos del mall. Parecía que esa había sido su intención al salir de la sala, pues no titubeó en ningún momento en su recorrido por el mall.+
En el salón, había una sección de karaoke donde la gente podía cantar. Tom entró allí y pudo oír la desafinada voz de alguien. Probablemente un borracho.
Bill sacó un número en la barra, y esperó, mientras miraba a la gente que pasaba a cantar, con cara de impaciencia. Tom se mantuvo sentado a un extremo de la barra y vio como a Bill le servían un trago tras otro de ron con coca-cola, y cómo Bill hacía gestos de desagrado cada vez que tomaba un trago.
-¡El número 31! -gritó de nuevo la voz.
-¡Yo!
Bill se levantó de la silla alta, tambaleándose un poco, y se subió al escenario, con un pobre aplauso del público sonando.+
-¿Qué está haciendo? -dijo Tom por lo bajo, totalmente horrorizado.
Iba a cantar, Bill en serio iba a cantar
-¿Qué canción quieres? -preguntó el animador del salón.
Tom esperó mientras Bill daba el nombre de la canción, avergonzado por estar escuchándolo con la voz tomada.
Era una canción triste, y resultó que Bill cantaba lo suficientemente bien para captar la atención de todo el salón de eventos. Tom se quedó mudo escuchándolo.
Tenía una voz susurrante y muy expresiva, rasposa en las notas altas y suave en las bajas. Lo vio quieto frente al micrófono todo el tiempo, y se le encogió el pecho mientras lo veía cantar.
Una sensación muy rara de pesar lo envolvió, y sintió un nudo en la garganta en los últimos versos. Ni siquiera se fijó en la letra, tan sólo puso atención a la voz de su hermano, una voz llena de aflicción que afectó su estado de ánimo hasta lo más profundo.
La gente comenzó a aplaudir, sorprendida. Bill era totalmente desconocido allí, y tras hacer una pequeña reverencia, bajó del escenario con andar apesadumbrado, poniendo cero atención a los comentarios positivos de la gente próxima a él.+
-¿Cuánto es la cuenta? -preguntó Bill a la chica de la barra.
-Son 6 dólares.
Bill sacó la billetera de su mochila, con mirada perdida y le pasó el dinero.
-¡Bill! -lo llamó Tom, atreviéndose finalmente.
El chico miró a su alrededor, confuso, hasta dar con Tom.
-Tom, ¿Te largaste del colegio también? -dijo Bill, riendo como todo un ebrio.
-Vámonos a casa.
-¿Me oíste cantar? ¿Verdad que canto lindo, Tom? Mamá decía que cantaba bien, pero que debía mejorar mi respiración... ¿Mejoré mi respiración, Tom?
-No lo sé, no te había oído cantar antes. Pero eso no importa ahora.
Tomó la mochila de Bill y se la llevó en la mano, mientras con la otra arrastraba a Bill del codo.
Lo llevó hasta la parte de afuera del mall, con una lentitud que rayaba en la pereza. Bill no parecía hacer ningún esfuerzo por hacer un paso después del otro. Estaba adormilado a causa del licor, y al llegar a la esquina, se tiró de rodillas en el pavimento.1
-Dormiré aquí -dijo arrastrando las palabras como un niño mimado.7
-¡Ni hablar!
Tom lo asió del codo y con brusquedad lo hizo levantarse, posando el brazo del chico por encima del hombro.
-Wake me up when september ends... -empezó a cantar Bill, con los ojos entrecerrados y arrastrando los pies por la acera.
-¡Bill, ayúdame! -le dijo Tom, aunque Bill era bastante liviano. Demasiado liviano la verdad.
Lo llevó hasta la parada de bus, dándose cuenta de que no podrían llegar a casa caminando, ni por asomo.
Había poca gente en el paradero, así que sentó a Bill cómodamente en uno de los asientos, mientras buscaba la billetera de su hermano en su mochila.
-No te queda nada -dijo Tom, viendo su billetera vacía- . Maldito derrochador...
Se detuvo bruscamente al ver una foto tamaño carnet tras una tira de papel transparente. Era una foto... de él.
Vio su cara de cerca, y por lo chueco de los bordes, supuso que habría recortado su cara de una foto más grande. Era él, sonriendo, con un jockie puesto y la cabeza ladeada levemente.1
-Qué diablos...
Miró a Bill, un tanto conmovido. Entonces vio que respiraba pausadamente, con los ojos cerrados.
-Ah, no, tú no te duermes...1
Al final pagó con su propio dinero. Cogieron una micro un cuarto de hora después. Había logrado desperezar a Bill un poco, y le fue posible subirlo a la micro sin mayor problema. Ya empezaba a pasársele la borrachera.
Se sentaron al fondo de la micro, ya que lo demás estaba lleno. Puso a Bill junto a la ventana, malhumorado, y le colocó la mochila encima de las piernas. Él se sentó a su lado, mirando atentamente por la ventana para que no se le pasara el momento de bajarse.
Después de cinco minutos de un viaje lleno de paradas, Tom echó la cabeza sobre el respaldo, mirando por la ventana de la derecha, para no tener que toparse con Bill. Al chico continuamente le caía la cabeza para adelante y para los lados, a causa de la somnolencia. Mañana despertaría con dolor de cuello de seguro. No parecía una persona del todo resistente, pero al fin y al cabo era como las chicas, coqueto y debilucho. En una ocasión, se golpeó contra la ventana que había al lado de su asiento, y dio un quejido de dolor. Tom no pudo evitar empezar a reír. Y lo más gracioso fue que Bill continuó adormilado, instantáneamente ajeno al golpe.
A los ocho minutos de viaje, la micro ya empezaba a despejarse. Tom deseó poder estar en los asientos delanteros, donde no había tanta altura con respecto a las escaleras, ya que costaría bastante bajar a Bill en el estado en que se encontraba.
A los diez minutos, Tom cerró los ojos. Bill estaba acabando por contagiarle el sueño. El chico bostezaba continuamente, acomodándose y desacomodándose en el estrecho asiento, hasta que su cabeza fue a parar hasta el inexplorado hombro de su hermano.
Tom retorció el hombro, intentando apartarlo, pero Bill se había quedado finalmente quieto. Había encontrado una posición cómoda en la que dormir, y Tom no tenía ni la voluntad ni las ganas de impedirle descansar un poco. Esa tarde lo había empujado frente a sus amigos, y se sentía sumamente culpable. También estaba complicado por el hecho de haber agredido a Josh. Él nunca peleaba a golpes con sus amigos, al menos no en serio, y tenía la sensación de que había roto parte de la confianza que Josh tenía en él. Probablemente desde ese día en adelante su relación con él y los otros no sería la misma, y la culpa era suya y sólo suya.
Miró a Bill de soslayo, tan cómodo en su hombro, y notó que el chico había apoyado la mano involuntariamente en su pierna. Tom se lo quedó viendo con curiosidad, y tomó la pulsera que llevaba con los dedos. Era una tira de cuero simple, teñida de negro. Y esa simpleza daba un poco señal de sencillez. Podía comprarse poleras con estampados extraños, podía comprarse muchos jeans y cinturones de plata bien lustrada y zapatillas de colores, pero Bill era sumamente sencillo en realidad. Se conformada con las cosas más simples, como el amor de su hermano, que debería poseer por derecho y deseo propios.
Tom volvió a mirar por la ventana, sintiendo los ojos vidriosos. Algunas veces, en su niñez, se había sentido muy solo. Al principio le costó mucho hacer amigos, lo recordaba muy bien. Tenía mal carácter -y seguía teniéndolo- y por eso a la gente se le dificultaba conocerlo de verdad. Ahora, gracias a que había pasado años y años en el mismo instituto y en el mismo sector de L.A., había logrado hacer amigos en toda la escuela. Sin embargo, si se hubiese cambiado de escuela alguna vez, o de ciudad, se le habría hecho difícil, pues lo primero que veía la gente de él era su mal carácter, la dureza inquebrantable de su personalidad y su falta de empatía con la gente.
No obstante, Bill lo estimaba a pesar de todo. Tom se preguntaba si lo quería porque sentía que era su deber o porque se había dado cuenta de que su mal carácter no era lo único que tenía. Bill era indescifrable. No entendía qué era lo que sentía: deber de hermano o verdadero cariño.
Volvió a mirar la mano de Bill, y con cuidado para no despertarlo de su sueño, se la tomó, entrelazando los dedos con los de él, sintiendo la palma de su mano contra la suya, fría pero suave como una frazada de plumas.7
El chico no dio ninguna señal de haberlo notado y siguió durmiendo profundamente, como si no existiera nada ni nadie que pudiera sacarlo de su profundo sueño.
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