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Una conexion extraña- Cap.6

A las once de la noche, Tom aún estaba que bullía de furia. Se levantó de su cama violentamente y fue a zancadas hacia la cocina. Sacó jugo preparado del refrigerador y lo puso de mala gana sobre la mesa. Sólo entonces vio a Bill, que sentado en el sofá, miraba la oscuridad de una manera sumamente tétrica.
Según su horario, debería haber estada dormido a las diez, pero al parecer tampoco podía dormir. Puso la juguera en la otra mesa, para poder darle la espalda.
-Ese jugo ya debe estar malo -dijo de pronto Bill, detrás suyo.
Tom dio un saltito de la impresión.
-Te preparo otro.
-No. Puedo yo solo.
Tom se alejó de él, desconfiado. Bill ya no sonreía como antes, simplemente lo observaba con ojos llenos de rencor, como si él tuviese la culpa de la separación de ambos.+
Tom lo siguió con la vista mientras volvía al sillón, dubitativo. Finalmente te decidió, y le dijo:
-Está bien. Hazlo tú si quieres.
Su gemelo se volteó en la oscuridad, y con una leve sonrisa en los labios, se devolvió, encendiendo la luz de la cocina en el camino.
Lo observó mientras sacaba frutas del canasto y las pelaba aceleradamente sobre la mesa de la cocina. En una ocasión al pelar una naranja muy rápido, Bill hizo un gesto de dolor, alertando a Tom... por unos segundos. Luego, al ver que no se quejaba mucho más, Tom dejó de darle importancia.+
Cuando empezó a echar rodajas de kiwii a la juguera, se le hizo extraño.
-¿Qué haces? -le preguntó, indicando las rodajas.
-Es una receta de mamá -dijo Bill, sonriéndole, ahora radiante.
-¿De mamá?
El chico de trenzas se lo quedó mirando pasmado.
A continuación Bill echó un poco de agua y empezó a batir, haciendo un ruido horrible con la maquina.
-Papá se va a despertar.
Bill lo ignoró y volvió a accionar la batidora.
-Es lo que tomo todas las mañanas -le contó Bill mientras le servía el jugo en un vaso
-No lo había notado.
-Es una bomba de nutrientes. Toma.
El chico tomó el vaso y dio un sorbo. Bill vio, asustado, que apretaba los párpados.
-¿Está malo? -le dijo, quitándole el vaso.
-Está ácido -dijo Tom- , pero lo ácido es delicioso.
Bill sonrió, feliz, y dio un sorbo también.+
-Lo ácido es delicioso -repitió.
Tenían algo en común, al fin. Bill miró el jugo emocionado y se lo pasó para que siguiera bebiendo.
Tom se lo acabó pronto, mientras Bill lo observaba atentamente, a veces riendo por lo bajo al oír el sonido que hacía al tragar.
-¿Por casualidad sabes cocinar? -le preguntó Tom luego de acabar.+
-Sí.
Tom lo miró con los ojos como platos. Bill frunció el ceño.
-Podrías cocinar para nosotros. Estoy cansado de la comida del instituto.
-Sí puedo, sí puedo...
Bill fue hacia el mueble con mercadería, emocionado.
-¿Vas a preparar algo ahora? -le dijo Tom, incrédulo
-Sí, ahora mismo.
-Pero debes dormir
-Tú ve a dormir. No me demoro nada -dijo Bill, sacando ingredientes del mueble.
Tom se encogió de hombros, resignado
-Buenas noches, entonces.
-Buenas noches -dijo Bill.
Tom se volteó a mirarlo por última vez desde el umbral del pasillo y, vio, pasmado, la gran sonrisa que surcaba su rostro. Era como su le hubiesen dado una razón para vivir.
Bill dejó las fuentes con comida en el refrigerador y se fue antes que todos. Tom pudo verlo desde la ventana de la salita de estar, mientras se iba por la vereda. Había preparado un guiso árabe, pero Tom no se detuvo a probarlo. Se fue de inmediato al instituto, sintiendo el peso extra del cuenco con comida en el bolso.
A la hora del almuerzo fue con sus amigos al patio de comida en tropel. Bill los siguió de lejos, con su cuenco en la mano. Quería ver que tal era la reacción de Tom al probar lo que había preparado.
-¿Qué es eso? -le preguntó Josh al abrir Tom su fuente con comida.+
-Es comida casera.
-¡¿Qué?! -exclamaron sus amigos, levantándose de sus sillas para ver mejor.
-Danos un poco.
-¿Quién la preparó?+
-¿Fue Courtney? -dijo Mike, con picardía.
Courtney era el último ligue de Tom. Era una chica universitaria que vivía sola cerca del instituto.+
-Sí, fue Courtney-dijo Josh- ¿verdad?
-Sí, fue ella.
Bill lo oyó desde su mesa, indignado. Apretó su tenedor, enojado y tras coger una piedra del suelo, se la lanzó a Tom, dándole en el jockie.1
-¡Hey! ¿Quién... ?
Tom se volteó y vio a Bill con expresión enfurecida.
-¿Qué pasa? -preguntó Josh.
-¿Qué pasa? -preguntó Josh.
-Ayer se pelearon -dijo Steve.+
-No hables de lo que no sabes -lo retó Tom.
Steve bajó la vista, avergonzado.
-Me la preparó Bill. Ya está -confesó.
Los tres se quedaron callados.
-¿Tu hermano cocina?
-Sí que es raro.3
Tom probó un poco de la comida, la saboreó un poco y siguió comiendo, con gusto.+
-¿Está bueno? -le preguntó Josh, con aprensión.
-Sí. Más o menos -dijo Tom, mofándose.
-¿Puedes decirle que nos prepare el almuerzo a nosotros también?
-Hey, mi hermano no es su mucama -les dijo el chico, indignado.
-Já, ahora sí es tu hermano -dijo Josh.
-Nunca dije que no lo fuera...
-Lo decías, lo decías...
Tom apartó el cuenco del alcance de ellos, para que no robaran ninguna cucharada, y se puso a reír por lo bajo, feliz ante los celos de sus amigos.
-Así que Harriet te enseñó a cocinar -dijo William en la cena.
-Siempre que podía la ayudaba
-¿Qué más sabes cocinar? -le preguntó Tom.
-Muchas cosas: spaguetti, rollitos de primavera, puré de papas, sushi...
-¿Sushi? Podrías prepararnos un poco el fin de semana... -dijo William
-Iré mañana a primera hora a comprar los ingredientes.
-Eso sería grandioso.
En la noche, Tom volvió a jugar con su playstation. Bill vio con pesar desde su cama la partida del juego en solitario, sin siquiera atreverse a acercarse más para ver cómo se utilizaban los controles. Tom siempre se mantenía lo más lejos posible de él, como si temiera contagiarse de algo. Y él le seguía la corriente y tampoco se acercaba a él. Añoraba la compañía e Tom, aunque él mismo no entendiera esto del todo. Al año y medio los habían hecho cortar lazos, produciéndole, al menos a Bill, una herida incurable, que ahora gracias al reencuentro con su hermano, estaba empezando a cicatrizar. Pero Tom no hacía las cosas fáciles.
Cuando dieron las doce, optó por intentar dormir, a pesar del ruido que hacía Tom, perdiendo su vista en los posters del techo, hasta que se le cansaron los ojos.
El despertador sonó a las ocho de la mañana ese día Sábado. Bill se encontró mirando hacia la cama de Tom, en donde su hermano dormía plácidamente bajo abajo, con el torso desnudo. Bill se levantó temprano y fue al baño por una toalla. Debía ir al supermercado a comprar ingredientes para el sushi. Estaba realmente ilusionado con la idea de prepararles algo a ambos.
El sushi les gustó, pero el primero trozo que Tom comió fue sin soya y le dejó una primera mala impresión de la comida china. Al segundo, Bill se encargó de remojarle el trozo de sushi y dárselo. Tenía que gustarle, o estaría perdiéndose de una delicia.5
El domingo en la noche preparó la comida del lunes, y así lo hizo por los siguientes días. Veía todos los días a Tom desde su mesa, a veces acompañado de Miranda o Susan. No obstante, no hizo ningún intento por acercarse más a su hermano, al igual que no hizo ningún intento por entablar una conversación normal con él en algún momento del día. Ni siquiera durante el trecho hasta el colegio se dirigían la palabra. Tom siguió hermético con él por varios días, que luego se convirtieron en semanas.
Bill estaba estrechando su relación con su padre, y ocasiones lo llamaba "Papá", pero con Tom no progresó nada, y cuando pasó un mes entero, quedó convencido de que una relación de hermanos era imposible. Tom tenía demasiados prejuicios, y él no quería cambiar. Quería que lo aceptara tal cual era, quería agradarle, que no tuviera que mediar William entre ellos para que Tom le dirigiese la palabra.
Pero eso no ocurrió. Lo de preparar el almuerzo en las noches se convirtió en una rutina. Incluso William dejó de felicitarlo por su buen desempeño en la cocina.
Para romper esa rutina, decidió pasar a alguna parte después del colegio. Casi siempre se iba antes que Tom y podía oír lejanas las risas suyas y de sus amigotes.+
Cerca del instituto había un mall. Los dueños habían elegido una ubicación grandiosa, puesto que los principales clientes provenían de su colegio, "Costa de Águila". Entre ellos, la mayoría, por supuesto, eran mujeres.
Decidió pasar al mall y gastar ahí un poco de su mesada. William le daba una generosa mesada cada dos semanas, que estaba ahorrando para comprar una guitarra eléctrica. Sin embargo, el día anterior cogió todos sus ahorros y decidió ir a gastarlo en ropa y en una nueva tintura de cabello de color negros con reflejos cobrizos. Estaba cansado del negro azabache, además, producto del cambio de clima entre Seattle y L.A., su piel se había oscurecido levemente y ya no le venía el azabache.
Además de tinturas, compró maquillaje y materiales para dibujar. Le había sacado una foto a Tom en el colegio, y quería ampliarla en un dibujo a grafito. Había captado su mejor sonrisa y deseaba hacer un homenaje a ella.5
Compró una polera, unos jeans, y con lo último de su mesada compró un jockie que encontró en una tienda de ropa del estilo de su gemelo. Vio a unos cucos vestidos como él, y no pudo evitar evaluar la combinación de colores. No le costó comprobar que Tom combinada mejor los colores que ellos.
Durante la cena, la ausencia de Bill fue notoria. A veces faltaba Tom porque era impuntual, pero Bill jamás lo hacía.
-¿Dónde fue Bill? -preguntó Will a su hijo.
-No lo sé. No lo vi en la salida.
William miró su reloj. Eran las ocho y cuarto.
-¿Tienes alguna idea de donde puede estar?
-Ni idea. Bill jamás sale.
-No se conocen bien aún, ¿eh?+
Tom lo miró con cautela
-¿Me estás recriminando?
-No, tan solo esperaba que hubiese algún avance en este primer mes. Pero parece que no tú ni Bill hacen algún esfuerzo por acercarse al otro.
-Es verdad -reconoció Tom- . Simplemente no encajamos bien. No nos agradamos.
-A Bill sí le agradas. Tengo la sensación de que desea ser como tú.
Tom fingió no ponerle atención.
-Siempre intenta sincronizarse contigo. ¿No lo has notado? Se ríe cuando tú te ríes, te mira atento cuando hablas. Creo que no te has percatado de toda la atención que te presta.
Tom pensó en sus sesiones de playstation. Bill siempre lo veía jugar antes de dormir. No obstante, por alguna razón no le incomodaba. Incluso sus amigos lo incomodaban cuando lo veían jugar una partida, pero con Bill eso no ocurría.
De repente oyeron la llave de la puerta. William se levantó rápidamente.
-Allí viene.
Bill entró a la casa cargado de bolsas y la mochila. Los dejó en el sillón y se lanzó en el sillón, agotado.
-¿De donde vienes?+
-Del mall.
William registró las bolsas, co, curiosidad. Tom observaba a Bill desde la mesa. Se había hecho algo en el cabello. Lo tenía más voluminoso que antes.
-¿Gastaste la mesada? -preguntó William, divertido.
-Sí.
-¿No estabas ahorrando?
-Eso puede esperar.
-¿Y esto? -dijo su padre, sacando el jockie de una bolsa.
-Ah, ese... estaba buen guay, así que lo compré para Tom.
Tom lo miró, pasmado, pero no tanto como William
-Tom, vamos, póntelo -le dijo el señor Moore a su hijo.
Tom se levantó de la mesa de mala ganas y cogió el jockie, mirando a Bill de reojo.+
-Está lindo -dijo.
-Pero póntelo.
El chico miró el jockie brevemente.
-¿Por qué me lo compraste?-preguntó- Tengo suficientes jockies.
-El diseño está bastante guay. No quería que se lo llevara alguien más.
Tom dio un suspiro de fastidio, y se lo colocó. Se lo puso de lado, de frente y luego apretó el velero para que le quedase más ajustado.
-Se siente bien.
William sonrió, satisfecho, y se fue a la cocina.
-¿Cuánto costó? Te lo devolveré -dijo entonces Tom, quitándoselo.+
-Es... un regalo -dijo Bill.
-No es necesario que me des regalos.
Bill bajó la vista, un poco dolido. Tom no dejaba en ningún momento de ser hiriente.
-Tom, es suficiente -le dijo su padre, mientras levantaba las cosas de la mesa.
-Venía con... los jeans que compré, así que me salieron gratis -dijo Bill, cogiendo las bolsas bruscamente.
-Acabas de decir que lo encontraste guay y por eso lo compraste.
-Pensé que te quedaría bien con tu polera verde, esa que nunca te pones porque no combina con ninguno de tus jockies.
-No me la pongo porque me queda muy ajustada.
-No te queda ajustada -le dijo Bill, empezando a perder la paciencia- , además te ves mejor con ella que con cualquiera de las que tienes.
-No esperes que use ropa ajustada y afeminada como tú.
-¡Ese es tu problema! Que use ropa que tú piensas que es afeminada y no pantalones q medio trasero como tú, Tom.+
-Mi problema es... ¡Eres tú, por completo!
-¡Entonces no te preparo más comida!
William los miraba pasmado desde la cocina. El ambiente ya estaba realmente tenso.+
-Esto no tiene remedio -murmuró, sintiéndose desolado

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