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Una conexion extraña- Cap.2

Al romper con su primer novio luego del divorcio con su padre, Harriet se sumió en una depresión, que escondió con éxito de su querido hijo Bill, y para cuando este la halló tirada en el baño, desangrada y pálida, la depresión había terminado por devorar sus ganas de vivir.+
Cuando Bill fue llevado por un asistente social hasta Los Ángeles, en bus desde Seattle, todavía estaba mudo, y al ver a su padre, no pudo hacer más que una seña de saludo, con la mirada perdida.
Tom creció de una forma muy diferente. William era entrenador de un equipo de ragby y profesor de Educación Física en el colegio al que iba, por lo que era muy machote para sus cosas. Era casi un hombre de las cavernas: machista, brusco y sin gusto por las cosas delicadas. Tom perteneció al equipo de ragby de su padre, y este nunca le habló acerca de su hermano gemelo, que vivía a varios kilómetros al norte. Creció como un hijo único.
Su colegio público le permitía ir de la forma que quisiera a clases. Se hizo trenzas de rapero a la edad de 12 años, cuando se rebeló contra la sociedad, tuvo sexo con una chica de secundaria y comenzó a usar pantalones a la mitad del trasero. Las chicas lo perseguían en tropel. Estuvo con muchas de ellas y se convirtió en el líder de un pequeño pero dominante grupo de matones del colegio, que se dedicaban a molestar a los losers y a las chicas poco agraciadas. Eran fans de 50 Cent y no tenían delicadeza para nada. Nadie se enteró de que Tom tenía un hermano, y menos un gemelo, porque él creció como si no lo tuviera. 
El día que su padre fue a buscar a su hermano al terrapuerto pensó en él por primera vez en muchos años. Su padre le explicó en pocos minutos que la madre de ambos había muerto hace unas semanas y que su hermano, Bill, vendría a vivir con ellos, y que se quedaría hasta cuando él quisiera. Sin embargo, no le dijo nada acerca de su mudez ni acerca de su aspecto, porque ni él tenía conciencia de estas cosas. Se fue al terrapuerto después de dejar a Tom mudo de espasmo.
-¿Dónde dormirá? -fue lo primero que le preguntó cuando se enteró.
-En tu habitación... por el momento.
Y así dejó a Tom, totalmente abatido porque tendría que compartir metros cúbicos con alguien más.
El bus llegó a las 12:30 de la mañana. El asistente social se bajó primero y luego lo hizo Bill. La primera impresión que tuvo William fue que debían haberse equivocado y le habían enviado una hija. La segunda impresión fue que era una muchacha con muy poco busto. La tercera impresión fue la vencida.
-Buenas... -el asistente miró el reloj- ... tardes, soy Michael Miller, el asistente social.
-Buenas tardes. Hola..., Bill.
El chico hizo un gesto de saludo con la cabeza, sin abrir la boca. Tenía un aspecto lamentable.. y el cabello muy extraño. Demasiado largo,con bizos blancos y peinado hacia el lado derecho, con un aspecto un poco chuzo. Un chico extraño, en resumen. Sin embargo, tenía los rasgos de la cara idénticos a los de Tom, por muy diferente que fuese de él, y por muy maquillado que estuviera. Y es que llevaba los párpados pintados de negro, muy negros y cargados, haciéndole resaltar los ojos notoriamente.+
-¿Me recuerdas? -le preguntó, sintiéndose un tanto torpe.
El chico negó con la cabeza.
-Bueno, ya tendremos tiempo de hablar.
 -Si tiene algún problema, me llama. Me temo que el señor Moore ha pasado por momentos muy delicados y le costará más de lo normal adaptarse.
 -Si tiene algún problema, me llama. Me temo que el señor Moore ha pasado por momentos muy delicados y le costará más de lo normal adaptarse. 
-Ya veo. Gracias por traerlo, señor Miller.
-De nada, seor Moore -luego se dirigió a Bill- . Adiós, Bill.
 El señor Miller le extendió la mano con una gran sonrisa, y Bill se la estrechó, con otra sonrisa, aunque débil. Al menos trataba de ser amable, pensó William, con ganas de reír. Tom era grosero y atrevido con todo el mundo.
 Michael Miller se fue por el pasillo del terminal. William hubiera preerido que se quedara un poco más para explicarle otras cosas acerca de Bill, ya que el chico no parecía en condiciones de explicarle nada.
-Va a ser increíble cuando veas a Tom. Son muy parecidos... de cara. 
Bill trató de parecer animado, pero al igual que antes, sólo logró esbozar una débil sonrisa. 
Tom iba de un lado a otro por la casa, nervioso. Ya se había tomado la mitad de la bebida  que tenían en el refrigerador y un sandwich. Su padre estaba tardando demasiado y empezaba a enfadarse. ¿Venían a paso de tortuga o qué? 
Se imaginaba a su hermano como un doble suyo entrando por la puerta con el mismo cabello, el mismo jockie, una polera larga y holgada, pantalones a medio trasero y zapatillas blancas. También lo imaginaba con la misma sonrisa petulante. Y se había enfurecido con su padre por no haberle contado con tiempo. Aún no asimilaba las cosas, que la madre que nunca había conocido había muerto y el hermano que no había visto crecer viviría con ellos. Y aún no tenían nada preparado para él, ni una cama en el dormitorio, o un vaso en la cocina, un plato y servicios para él o un armario. Se preguntaba cuánto equipaje traería... 
El timbre sonó y dejó de pasearse. Fue a zancadas hacia la puerta, sintiendo hormigueos por todos el cuerpo y miró por el ojo de la puerta. Por allí vio a su padre, alto y fornido, portando una maleta negra, y más atrás, una figura oscura. Frunció el ceño, extrañado. ¿Dónde estaba la copia de sí mismo que se había imaginado? 
Abrió la puerta, listo para ver a su hermano en detalle.
-Aquí estamos -dijo William al entrar. 
Eso fue extraño. Normalmente decía "Aquí estoy". 
Lo primero que pensó fue que no podía ser gemelo suyo, pero al mirar de cerca, se dio cuenta de sus rasgos idénticos. Tenía la misma nariz, la misma boca, y probablemente los mismos ojos, que con todo el maquillaje que traía, no podía distinguir del todo. Todo lo demás era diferente. Muy diferente.
-Salúdense. No se ven desde bebés.
Bill tragó, viendo a su hermano tan distinto a él. Se preguntó si eso se transformaría en un problema.
Luego pensó en que era más guapo que él, tenía las mejillas más rellenitas, sólo un poco, y  tenía la piel bronceasa.
 -Hola -le dijo, saliendo de su mudez a causa de la impresión.
+
-Hola -le dijo Tom, secamente. 
¿Era su imaginación o había desagrado en su cara? Bajó la mirada, avergonzado, preguntándose si era él quien le desagradaba.
-Pero qué es esto, Tom, ¿No podrías ser más afectuoso?
-Lo siento, debo irme a ver a los chicos ahora.
Se dirigió a la puerta rápidamente.
-¡Tom, acaba de llegar tu hermano! ¡Tu hermano gemelo!
Pero Tom no le prestó atención y se largó. La puerta sonó demasiado fuerte al cerrarse.
Pero Tom no le prestó atención y se largó. La puerta sonó demasiado fuerte al cerrarse.
Bill levantó la vista y miró a su padre.
-Lo siento -dijo Will, complicado- , creo que está algo sorprendido. Le dije la noticia de golpe, aunque hace varios días sabía que vendrías. Supongo que no sabía como explicárselo.
-Entiendo.
Will le sonrió afectuosamente.1
-Aún no hemos comprado una cama para ti, pero usarás la de Tom por el momento. Él dormirá en el sofá cama.
-Yo puedo dormir allí.
-Eres realmente amable, pero no. Tom ha dormido en lugares peores. Créeme. Hace muchas excursiones -añadió, al ver que Bill lo miraba con curiosidad.
Bill fue hacia el pasillo, bajo la indicación de Will, cruzando la sala de estar, que se hallaba patas para arriba. A ese lugar definitivamente le faltaba una mano femenina. Miró la ropa desparramada en los sillones, las revistas playboy en el suelo, una taza de té con manchas junto a un plasma gigante, que estaba encendido pero sin sonido. Al parecer allí gastaban energía como locos, porque también estaba encendido el ventilador y la radio. Había un CD de Eminem puesto, pero con el volumen muy bajo, así que el ambiente estaba bastante silencioso.6
-¿Te gusta la casa? Tom ha elegido los cuadros.
Bill alzó la vista hacia las paredes. Esperó ver cuadros de pintores famosos o de art-decó, pero no, eran de imágenes fulminantes, del estilo de imágenes publicitarias de patinetas y zapatillas deportivas, con mucho contraste y agresividad en los colores.
Recordó los curadros que había en la sala de estar de su casa. Eran cuadros que él y su madre habían elegiudo juntos. Podían hacerlo, porque tenían los mismos gustos estéticos. Había un pintor latino que les gustaba a ambos, de nombre Guayasamin. Tenían muchos posters enmarcados de él en la casa, imágenes muy hermosa de madres e hijos de piel morena. También tenían muchas pinturas de estilo africano, o omágenes que habían impreso en tinta de pinturas rupestres.2
-Te llevaré a la habitación de Tom.
-Gracias.
William volvió a sonreír ante lo bien educado que era Bill. Él y Tom eran los dos extremos de un mismo mastil, eran agua y acéite. Tenía la sensaciónde que aquello no funcionaría.
Bill no pudo evitar fruncir el ceño al llegar al umbral de la puerta de Tom.
Las cortinas no habían sido corridas, las ventanas estaban cerradas y  había un intenso olor a hombre allí, y también a humo. Tom fumaba dentro de la habitación, sin duda. Y eso no era lo peor. Había ropa desparramaba por el suelo, la cama estaba sin hacer, una de las colchas estaba a los pies de esta, las paredes estaban tapizadas de posters, sin dar ni un sólo lugar -Pero qué es esto, Tom, ¿No podrías ser más afectuoso?
-Lo siento, debo irme a ver a los chicos ahora.
Se dirigió a la puerta rápidamente.
-¡Tom, acaba de llegar tu hermano! ¡Tu hermano gemelo!
Pero Tom no le prestó atención y se largó. La puerta sonó demasiado fuerte al cerrarse.
Bill levantó la vista y miró a su padre.
-Lo siento -dijo Will, complicado- , creo que está algo sorprendido. Le dije la noticia de golpe, aunque hace varios días sabía que vendrías. Supongo que no sabía como explicárselo.
-Entiendo.
Will le sonrió afectuosamente.1
-Aún no hemos comprado una cama para ti, pero usarás la de Tom por el momento. Él dormirá en el sofá cama.
-Yo puedo dormir allí.
-Eres realmente amable, pero no. Tom ha dormido en lugares peores. Créeme. Hace muchas excursiones -añadió, al ver que Bill lo miraba con curiosidad.
Bill fue hacia el pasillo, bajo la indicación de Will, cruzando la sala de estar, que se hallaba patas para arriba. A ese lugar definitivamente le faltaba una mano femenina. Miró la ropa desparramada en los sillones, las revistas playboy en el suelo, una taza de té con manchas junto a un plasma gigante, que estaba encendido pero sin sonido. Al parecer allí gastaban energía como locos, porque también estaba encendido el ventilador y la radio. Había un CD de Eminem puesto, pero con el volumen muy bajo, así que el ambiente estaba bastante silencioso.6
-¿Te gusta la casa? Tom ha elegido los cuadros.
Bill alzó la vista hacia las paredes. Esperó ver cuadros de pintores famosos o de art-decó, pero no, eran de imágenes fulminantes, del estilo de imágenes publicitarias de patinetas y zapatillas deportivas, con mucho contraste y agresividad en los colores.
Recordó los curadros que había en la sala de estar de su casa. Eran cuadros que él y su madre habían elegiudo juntos. Podían hacerlo, porque tenían los mismos gustos estéticos. Había un pintor latino que les gustaba a ambos, de nombre Guayasamin. Tenían muchos posters enmarcados de él en la casa, imágenes muy hermosa de madres e hijos de piel morena. También tenían muchas pinturas de estilo africano, o omágenes que habían impreso en tinta de pinturas rupestres.2
-Te llevaré a la habitación de Tom.
-Gracias.
William volvió a sonreír ante lo bien educado que era Bill. Él y Tom eran los dos extremos de un mismo mastil, eran agua y acéite. Tenía la sensaciónde que aquello no funcionaría.
Bill no pudo evitar fruncir el ceño al llegar al umbral de la puerta de Tom.
Las cortinas no habían sido corridas, las ventanas estaban cerradas y  había un intenso olor a hombre allí, y también a humo. Tom fumaba dentro de la habitación, sin duda. Y eso no era lo peor. Había ropa desparramaba por el suelo, la cama estaba sin hacer, una de las colchas estaba a los pies de esta, las paredes estaban tapizadas de posters, sin dar ni un sólo lugar de descanso para la vista, y los colores de la decoración general estaban definitivamente mal. Ni siquiera combinaban. Y ni hablar del armario: ya no cabía nada más en él. Distinguió una rueda de bicicleta sobresaliendo de entre el chiquero.
-Está un poco desordenado, pero... Bueno, ahí veremos que hacemos.
Will dejó la maleta cerca de la entrada.
-¿Quieres algo para comer?
-No, estoy bien.
-¿De verdad?
-Un té, estaría bien.
-¿Y un sandwich?
-OK.
Bill volvió a soreírle con amabilidad. A Tom jamás le prepararía nada, pero Bill poseía una cordialidad que rayaba en la extrema condescendencia. Daban ganas de revolverle el cabello como a un niño pequeño. En verdad era un gran chico, aunque luciera como chica.8
-Te lo traigo. Puedes instalarte.
-Gracias,... ehm...
-No te preocupes, no tienes que llamarme papá de inmediato.+
Bill asintió con la cabeza, con una expresión de inmensa gratitud.
de descanso para la vista, y los colores de la decoración general estaban definitivamente mal. Ni siquiera combinaban. Y ni hablar del armario: ya no cabía nada más en él. Distinguió una rueda de bicicleta sobresaliendo de entre el chiquero.
-Está un poco desordenado, pero... Bueno, ahí veremos que hacemos.
Will dejó la maleta cerca de la entrada.
-¿Quieres algo para comer?
-No, estoy bien.
-¿De verdad?
-Un té, estaría bien.
-¿Y un sandwich?
-OK.
Bill volvió a soreírle con amabilidad. A Tom jamás le prepararía nada, pero Bill poseía una cordialidad que rayaba en la extrema condescendencia. Daban ganas de revolverle el cabello como a un niño pequeño. En verdad era un gran chico, aunque luciera como chica.8
-Te lo traigo. Puedes instalarte.
-Gracias,... ehm...
-No te preocupes, no tienes que llamarme papá de inmediato.+
Bill asintió con la cabeza, con una expresión de inmensa gratitud.

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