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Una conexión extraña- Cap.1

Él solía llegar del colegio y hacer las cosas de la casa con su madre, luego de un día muy ajetreado. Su madre y él eran los mejores amigos, y cuando la halló muerta en el baño, la rutina se rompió y nada volvió a encajar. Tenía un gran tajo en el cuello y la sangre empapaba toda su delantera, con una mezcla de colores vivos y muertos, siempre rojos. Y estaba muerta. 
Los policías y detectives dijeron que había sido suicidio, y pusieron a Bill con un psicólogo toda la semana siguiente al acontecimiento. No se le hizo un funeral cristiano, por el hecho de haberse suicidado, y Bill no replicó, de todas formas no eran cristiano. No hallaron ninguna señal de locura en su psiquis, pero Bill se quedó mudo por varios días, y como era menor de edad (tenía 17 años) se le asignó un tutor; su padre.
Los Moore se habían divorciado tras tres años de casados. Los gemelos tenían un año y medio y aún no se conocían como era debido, pero estaban unidos. Eran gemelos, y la unión que habían tenido en el vientre materno no se había roto. Siempre estaban juntos, pintando las paredes y gateando por toda la casa. Era una casa de un piso, con vista al mar, en L.A., la ciudad de las estrellas. Al divorciarse, los padres decidieron quedarse cada uno con un chico. 
William se quedó con Thomas, el mayor de los gemelos, y Harriet, la suicida, se quedó con Bill, a pesar de que llevaba el mismo nombre de su padre. A Bill se le comunicó que tenía un gemelo desde que fue separado de este, pero no le dio demasiada importancia, hasta los 10 años, cuando fue conciente de su propia vida y empezó a hacer preguntas acerca de sí mismo, de su familia, en vez de hacer preguntas sobre lo que lo rodeaba, como porqué el cielo era azul, el pasto verde, porqué los perros no pueden hablar y un largo etcétera que parecía que en la mente de Bill, el menor de los gemelos, nunca acabaría. 1
-Ellos viven en Los Ángeles -le explicó Harriet, con una sonrisa forzada en el rostro- . Thomas va en un colegio público de baja calidad, según me notificó tu padre. Yo lo habría puesto en uno privado, pero... 
Y luego siguió con una charla acerca de la mala crianza de Thomas. Bill, curiosamente, jamás se esforzó por hacer que su madre lo llevase a verlos. Veía tanto rencor en sus ojos cada vez que hablaba de su padre, que prefirió no tocar el tema demasiadas veces. Sólo volvió a preguntar en contadas ocasiones, hasta que los problemas familiares dejaron de atenazarle la mente, que fue cuando empezó con sus gustos extraños por cuidar su imagen personal. 
El pelo castaño que crecía pinchudo de su cabeza lo dejó crecer y lo tinturó negro. Lo dejó crecer hasta la medida que la escuela permitía y empezó a vestirse con pantalones pitillo, cinturones brillantes, poleras que perfilaban su delgada y frágil figura, y se inscribió en clases de canto pagadas. Harriet disponía de bastante dinero gracias a su trabajo como doctora cirujana. Era una mujer muy femenina y perfeccionista, pero dulce y amable con su hijo. Quizás demasiado dulce, pero Bill nunca se percató de que lo trataba como a una chica, de que tuviesen los mismos gustos y hablaran de lo mismo. Bill simplemente no se preocupó de cosas como esas. Y tampoco se preocupó por lo que le sucedía a Harriet, porqué no lo notó.

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