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Infidelidad (Tokio Hotel) - Cap.8

Tras terminar de hablar con Tom, colgó el teléfono con fuerza. Se levantó furioso y fue hasta la puerta, en donde se detuvo antes de salir y darle las nuevas noticias a Bill, quien descansaba pacíficamente sin saber los que planeaba su hermano y esa odiosa chica.

Cuando creyó que se había calmado lo suficiente, abrió la puerta de su dormitorio forzando una sonrisa, que murió en sus labios al ver vacío el sofá. Su mirada se dirigió corriendo a la puerta del apartamento, pero una brisa que le acariciaba la nuca le hizo volverse hacia la terraza.

Caminó hacia ella, viéndole apoyado en la barandilla mientras se soltaba el pelo y se lo peinaba con los dedos para desenredarlo. Se acercó y se quedó a su lado, mirando el parque que había debajo de ellos sin pronunciar palabra.

-Estás muy callado-dijo Bill rompiendo el silencio.

David suspiró sin saber como empezar a hablar, pero antes de que separase los labios Bill se le adelantó.

-Discutir con mi hermano le deja a uno en ese estado.

David se giró y le observó detenidamente. Estaba claro que había escuchado la conversación, le había oído gritar a su hermano diciéndole que él no le daría la espalda.

-Será mejor que entremos y hablemos, aquí hace frío-murmuró tomándole del brazo.

-Eso ya me da igual, mi voz se puede dañar y yo no lo sentiría-contestó Bill encogiéndose de hombros.

-Yo lo haría-susurró David.

Tiró más de él hasta que consiguió hacerle entrar de nuevo. Cerró la puerta corrediza de la terraza con una mano y caminaron hacia el sofá, en donde se sentaron uno al lado del otro. Esperó pacientemente a que se acomodase, viendo como apoyaba los pies en el sofá y se rodeaba las piernas con los brazos. También vio que su cuerpo temblaba, pero sabía que es más bien por los nervios.

-Lo mejor es ir directamente al grano. La novia de tu hermano quiere llevarte a juicio si no entras voluntariamente en una clínica para tratar tus….”ataques de ira”. Por decirlo de alguna forma-dijo preparándose para su reacción.

-¡Está loca! Yo no la empujé, se tiró ella misma-gritó Bill muy enfadado.

-Lo sé, te creo-dijo David con firmeza-Cálmate. Ya tengo un plan. Por supuesto que iremos a juicio, en donde se demostrará que miente. Ahora mismo llamaré a la discográfica para que ponga a tu disposición los mejores abogados. Ya verás, no dejaremos que se salga con la suya.

Se levantó antes de que dijera algo, maldiciendo por no haber llamado antes y solicitar el abogado. Entró en su dormitorio y no se molestó en cerrar la puerta. Se sentó en la cama y cogió el teléfono para solicitar ayuda.

Bill se recostó contra el sofá cerrando los ojos mientras le oía hablar. No prestó mucha atención a lo que decía, solo le oye mencionar unos nombres que nunca antes había escuchado. Se imaginó que eran los abogados que trabajan para la discográfica, todos con nombres raros y compuestos, como si eso quisiera decir que en su trabajo eran muy buenos.

Se cansó de espiar y decidió levantarse. Caminó hasta el dormitorio y se apoyó en el marco de la puerta viendo como arrugaba la frente al hablar. No se dio cuenta de que se había fijado en su presencia hasta que le vio mover una mano, haciéndole un gesto para que entrase.

Se incorporó avergonzado y entró lentamente, paseando la vista por el dormitorio como cuando estaba solo, sin saber que era lo que realmente buscaba, tal vez algún detalle que le hablara de cómo era David en su casa. Solo le conocía públicamente, pero en ese terreno todo era nuevo.

Se acercó a la ventana, que no daba al parque como la terraza. Esa daba a una avenida, llena de tiendas por todos los lados. Se podría vivir casi sin salir de casa, había tiendas de todas clases. Desde un pequeño supermercado hasta unos grandes almacenes.

-Ya tienes abogado-dijo David sacándole de sus sueños.

Se giró y le miró sonriendo. Se acercó a la cama y siguiendo un impulso se sentó a su lado, levantando las piernas y cruzándolas bajo su cuerpo.

-¿Su nombre?-le preguntó seriamente.

-¿Nombre?-repitió David confuso.

Se había puesto nervioso al tenerle tan cerca, viendo como se sentaba con comodidad en una cama ajena.

-El del abogado-aclaró Bill sonriendo. 

-¡Ah! Si, es uno de los mejores, ya hemos quedado para hablar mañana con él-explicó David sonrojándose-Se llama Kyle Montgomery, y que no te engañe su edad, puede que parezca muy joven pero te repito que es el mejor.

-¿Tom también cogerá uno de la discográfica?-preguntó Bill con curiosidad.

-No había pensado en eso, le diré a la secretaria que le llame y le ofrezca uno. Están para ayudaros, al grupo, y si los necesitáis para una cosa así, podéis contar con ellos.

Bill asintió y se quedó en silencio sin saber que más decir. Solo había una cosa que le rondaba por la mente, pero tenía miedo de preguntársela. David lo presintió, que le quería decir algo y no se atrevía. Levantó una mano y la puso sobre su hombro, animándole a que hable.

-¿Mis padres….?

No terminó la pregunta, ni David se la contestó. Sus ojos lo hicieron por él al entornarse en una triste expresión.

-No han llamado-dijo Bill en voz baja.

Lo había hecho más que nada para que sus oídos escuchasen lo solo que le habían dejado.

-¿Has mirado el móvil? Tal vez sonó mientras estabas en la ducha….

-¡Lo apagué!-dijo Bill más alegre.

Se levantó corriendo y abrió el armario en donde dejó la bolsa. La abrió y sacó el móvil, encendiéndolo con manos temblorosas. Tras escribir dos veces el pin de seguridad que por los nervios no recordaba, esperó hasta que la cobertura se ajustó y tras unos segundos recibió un mensaje en donde le dijeron que había tenido dos llamadas perdidas.

Una era de su hermano, pero esa la pasó por alto. Buscó una en particular, y abrió los ojos cuando vio en la pantalla el número de su madre reflejado. Levantó la mirada y con ella le pidió permiso a David para llamarla.

-Adelante-dijo David sonriéndole.

Iba a salir cuando David le llamó y le ofreció su dormitorio para que hablase. Mientras él se fue a la cocina para empezar a preparar la cena. Desde allí le oyó hablar con Simone, quien le preguntaba que tal se encontraba. Apretó los labios al escucharle intentar reprimir los sollozos, se lo imaginaba sentado en su propia cama con el móvil en una mano mientras que con la otra se limpiaba las lágrimas que le resbalaban por las mejillas.

Entonces oyó una frase que hizo que el corazón se le partiera en dos, que sintiera deseos de ir corriendo a su lado y abrazarle para consolarle.

-Te echo de menos, mamá-dijo Bill entre lágrimas.

Oyó que los sollozos eran cada vez más altos. Nunca antes le había oído llorar, pero en esas circunstancias quedaba reflejado que era solo un niño de 16 años al que el mundo le había dado la espalda, incluyendo su propia familia.

Suspiró aliviado cuando le oyó despedirse de su madre con un beso y un abrazo. Esperó unos minutos mientras abría la nevera y sacaba una botella de agua con la que llenó un vaso que le llevó. Se asomó a la puerta de su dormitorio y le vio acurrucado en la cama, enterrando la cabeza entre sus brazos mientras sollozaba por lo bajo. 

Chasqueó la lengua y dejando el vaso en la mesilla se sentó a su lado. Extendió sus brazos y le tomó el cuerpo, obligándole a incorporarse y sin pensar nada más que en consolarle, le hizo descansar contra su pecho, que llorase sobre él ya que no había nadie más a su lado.

Bill se dejó llevar, aferrándose a ese cuerpo que trataba de consolarle en vano. Solo había una persona en el mundo a la que querría abrazar en esos duros momentos, y esa era su hermano, aquel que le odiaba por haber destrozado la nueva vida que iba a comenzar lejos de él.

David le frotó la espalda sin saber que más hacer. Le sintió aferrarse a él desesperadamente mientras los sollozos le sacudían el cuerpo y el pelo le rozaba la barbilla. Cerró los ojos y aspiró ese olor que nunca antes había hecho, deleitándose en esos aromas que le hacían creer que está en un bosque…

-Gracias-le oyó susurrar entre sollozos.

-Mmmmm…-contestó con los ojos cerrados.

Bill se separó tras unos segundos y agachó la cabeza avergonzado, limpiándose las lágrimas con ambas manos sin que él lo viera, aprovechando ese momento en que se había girado a coger algo de la mesilla.

David se dio la vuelta y le ofreció el vaso de agua que le trajo y un pañuelo de papel que había sacado del primer cajón de la mesilla.

Bill aceptó el pañuelo y se secó mejor la cara. Luego cogió el vaso y tomó un sorbo de agua atragantándose. Se lo devolvió para no derramar el agua sobre su cama mientras tosía.

-Bebe más despacio-dijo David cuando dejó de toser. 
Bill le obedeció y tragó sus lágrimas con cada sorbo de agua. Se acabó el llorar por no estar con la persona querida. Si quería volver con él, tendría que ser fuerte y luchar, hacerle ver que le engañaban, que su amor verdadero no era esa extraña que entró en sus vidas una noche cuando él la señaló con el dedo para ser la elegida…

-Estaba preparando la cena-explicó David al verle más calmado.

Bill arrugó la frente mientras giraba el vacío vaso entre sus dedos. El pensar en comer algo en esos momentos hizo que se le revolviera más el estómago.

-Lávate las manos mientras termino-dijo David haciendo caso omiso a su fruncido gesto.

Le quitó el vaso de las manos y regresó a la cocina, en donde retiró del fuego el cazo con la pasta que estaba ya cociendo. Sabía que era una de sus comidas favoritas, y se la había hecho para conseguir que se sintiera más cómodo en una casa extraña en la que tendría que pasar algún tiempo hasta que las cosas se resolvieran, rezando para que todo acabase bien y no tuviera que ir a otro sitio peor…

-¿Te ayudo en algo?-preguntó Bill sacándole de sus pensamientos.

-Puedes ir poniendo la mesa, en el primer cajón hay unos manteles-dijo David señalándole el aparador.

Bill le obedeció y en unos minutos estaba todo listo. Se sentaron a cenar el uno al lado del otro, sin decir una palabra. En el apartamento solo se escuchaba el sonido de los cubiertos sobre los platos. Terminaron de cenar y David decidió romper ese incómodo silencio.

-Se te ve cansado, ahora te preparo el sofá para que te acuestes-dijo con tono preocupado.

-No sé si podré dormir, mi mente está trabajando demasiado hoy-murmuró Bill frotándose la frente.

-Necesitas descansar, además hemos quedado mañana a las 9 en mi despacho. Trata de dormir y de no pensar más-le dijo con una sonrisa.

Bill se la devolvió con esfuerzo y se levantó para quitar la mesa mientras que David entraba en su dormitorio a por unas sábanas y una manta. Cuando regresó le preparó el sofá lo mejor que pudo. Le dijo que era muy cómodo, pero la verdad era que lo que más necesitaba Bill era descansar en una buena cama, y a ser posible la suya propia.

-Voy a lavarme los dientes-le comunicó Bill entrando en su dormitorio.

Entró en el baño y cogió su neceser que dejó en el lavabo tras la ducha. Lo abrió y sacó su cepillo de dientes y la pasta. Se estaba cepillando los dientes cuando cayó en algo. No se había acordado de meter un pijama. Se miró al espejo, podría dormir con el chándal, pero era muy incómodo. Suspiró resignado, rezando para que David no se levantase en mitad noche y le viera dormir solo con los boxers, no quería hacer nada que le hiciera sentir incómodo en su propia casa.

Terminó de lavarse y salió dispuesto a acostarse. Entró en el salón y vio esa cómoda cama que le había preparado.

-Gracias….por todo-le dijo tímidamente.

-De nada, trata de descansar-repitió David con una sonrisa.

Esperó a que entrase en el dormitorio y solo entonces se despojó del chándal, quedándose en ropa interior y metiéndose deprisa entre las sábanas. Cerró los ojos mientras suspiraba. Era la primera noche que pasaría tan solo y lejos de su hermano. Se dio la vuelta en el incómodo sofá y se quedó mirando el cielo estrellado que veía por la cortina medio corrida.

Sintió un escalofrío y se tapó más, tratando de acomodarse mejor. Poco a poco los ojos se le fueron cerrando. Pensó que sería incapaz de dormir, pero el cansancio le tenía bien cogido. Se dejó arrastrar por el sueño, quedando profundamente dormido mientras que rezaba para que todo saliera bien, para que las cosas volvieran a ser como antes, para que su hermano le amara tanto como él lo seguía haciendo…




Tras volver a llamar a su secretaria y disculpándose por ser tan tarde, David decidió acostarse. Tenía que hacer esa llamada, Tom también merecía tener un buen abogado aunque no esa chica, lo hacía solo por él, y porque Bill se lo había pedido. Se desvistió y se puso el pijama. Antes de acostarse se asomó al salón para ver si Bill ya estaba durmiendo. Estaba todo oscuro, quitando la poca luz que entraba por la terraza. Agudizó el oído hasta que le llegó el sonido de una respiración suave.

Sonrió satisfecho, sabía que en cuanto su cabeza rozara la almohada caería profundamente dormido. Ese día había vivido muchas emociones y se le notaba rendido. Se acostó en su cama y decidió hacer lo mismo. Les esperaban unos duros días y tenían que sacar fuerzas de donde fuera.




La alarma del despertador le hizo abrir los ojos. Eran las 7 de la mañana y a él le parecía que solo había pasado una hora desde que se acostó. Se levantó bostezando y entró en el baño para darse una ducha deprisa antes de que Bill se despertara. Salió y se vistió eligiendo bien la ropa, ese día había reunión con el abogado y necesitaba estar presentable. Vio la ropa que Bill ha traído, pasando cada percha que le prestó y arrugando la frente. Nada de lo que había traído era adecuado para la ocasión, pero era solo un niño y sus gustos eran eso. Además, no se lo imaginaba con traje y corbata…

Salió al salón y se acercó al sofá, viéndole dormir plácidamente todavía. Le dio pena despertarle, lo que daría porque se quedará así para siempre, sumergido en un sueño en donde nadie le hacía sufrir. Sonrió al verle a él hacer lo mismo en sueños, viendo como se estiraba y daba la vuelta, dejando caer la sábana y mostrándole su desnuda espalda.

Solo entonces dejó de observarle. Cogió la sábana caída y le cubrió antes de despertarle zarandeándole por el hombro.

-Bill…hora de despertar…-le dijo con pena.

Bill gruñó y escondió más la cara entre las almohadas.

-Tom…deja de molestar…-dijo entre dientes.

David suspiró. Hasta en sueños su hermano le hacía sufrir.

-Vamos, que se nos hace tarde-insistió zarandeándole más fuerte.

Ya más despierto, Bill abrió los ojos al oír esa voz que no era la de su hermano. Vio a David inclinado sobre él y le dedicó una sonrisa mientras se frotaba perezosamente los ojos.

-¿Has dormido bien?-preguntó David dirigiéndose a la cocina.

-Al final si, pensé que no pegaría ojo en toda la noche-contestó Bill sentándose en el sofá.

-Dúchate mientras preparo el desayuno-dijo sin volverse.

Bill aprovechó ese momento para coger el pantalón del chándal y ponérselo con rapidez. Se levantó y echó a andar hacia el baño descalzo. Entró en el dormitorio y abrió el armario y trata de escoger la ropa más seria que había llevado, al ver lo formal que iba David. Cogió unos vaqueros negros y una camiseta de igual color con unas pequeñas letras rojas en el pecho como único adorno.

Entró en el baño y tras una ducha rápida se secó y vistió. Entonces pasó al ritual de peinarse. Estaba claro que ese día su pelo no iba a estar como siempre. Cogió la plancha del pelo que siempre era lo primero que metía cuando se hacía el equipaje y alisó su rebelde pelo, dejándolo lacio y liso. Tras unos toques de laca para afirmarlo, salió del baño contento con el resultado.

Regresó al salón, en el que David ya había recogido su improvisada cama y desayunado. Le señaló la barra que separaba la cocina del salón, en donde le había dejado preparado un tazón con una jarra de leche y la cafetera al lado de una taza.

-En el armario de la derechas encontrarás galletas y cereales, coge lo que te apetezca-dijo David entrando en su dormitorio para hacer su cama.

Bill se dirigió a la cocina, pero solo se sirvió una taza de café. Los nervios le tenían cogido el estómago y no le dejaban tratar de comer nada. Se acercó a la terraza mientras bebía el café despacio, observando como la gente se despertaba e iban a sus trabajos como si fuera un día normal en sus vidas, mientras que para él podía ser el principio de algo muy grande que se le avecinaba.

-Cuando quieras nos vamos-anunció David sobresaltándole.

Se giró y entró en la cocina, tirando por la pila el resto del café que su cuerpo ya no aceptaba. Se acercó a David y cogió su cazadora que le tendía. Se la puso mientras echaban a andar, cogiendo las gafas de sol y el móvil por el camino, metiéndoselo en un bolsillo. Salieron del apartamento y entraron en el ascensor que les llevaría hasta el parking.

Subieron al coche y esa vez se puso el cinturón antes de que David se lo recordase. El coche se puso en marcha y cuando salieron al exterior se caló las gafas cuando la luz del sol le hirió los ojos. Durante el viaje no dijeron nada. David encendió la radio a los pocos minutos para aliviar un poco la tensión que había en el ambiente. Puso algo de música bajito y se concentró en el camino. Llegarían en menos de una hora, y entonces todo comenzaría.

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