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Infidelidad (Tokio Hotel) - Cap.5

Todo cambió de repente en la casa de los Kaulitz. De la noche a la mañana una nueva habitante entró en ella. Simone se empeñó en que se quedara con ellos, en su estado y sin trabajo, porque eso de camarera no era un trabajo adecuado para ella, y sin el apoyo de su familia, lo mejor era que permitiera que ellos la cuidaran.

-¿Y donde se va a quedar?-preguntó Bill la noche que se lo dijeron.

-En la habitación de Tom, él se quedará contigo-le explicó su madre con una sonrisa.

Eso era lo que más daño le hacía a Bill, que su madre no dejara de sonreír desde que estalló esa bomba, mientras que a él solo le salían lágrimas y más lágrimas.

Y encima ahora tendría que compartir las noches con su hermano, quien escuchaba en silencio y con la cabeza agachada. Todavía no le había dirigido la palabra, no le había dado una explicación o una excusa, aunque él tampoco quería escucharla. Ya nunca más le volvería a hablar. Le había traicionado. Dos veces.

La primera noche que compartieron habitación fue muy extraña. La “novia” de su hermano llegó esa misma tarde y Simone la ayudó a instalarse en su nueva habitación, mientras que Gordon trasladaba una cama supletoria a la habitación de los gemelos.

Bill los veía desde la cama, en la que se había echado preso de un ataque de melancolía. Veía como su hermano entraba y salía trasladando algunas de sus cosas, ni que decir que Simone le había prohibido estar a solas en la habitación con la chica. Le pidió que recogiera lo necesario y al día siguiente ella le ayudaría con el resto. Pero nada de acercamientos, y menos bajo su techo.

La noche llegó y tras una silenciosa cena por parte de de Bill, quien fijaba la vista en su plato tratando de ignorar los comentarios sobre el lugar en el que estaría la cuna y la de cosas que habría que comprar, por fin las luces se apagaron y todos se fueron a sus respectivas habitaciones. Todos menos uno, que arrastrando los pies se echó en la cama que por falta de espacio pegaba a la de su hermano.

Le veía a la luz de la luna que se colaba por la ventana. Estaba echado dándole la espalda, con su pelo negro extendido sobre la almohada como un manto de soledad, en la que él le había obligado a vivir el resto de su vida, porque sabía que tras él nadie más ocuparía su corazón. Le había hecho mucho daño, pero ya no había vuelta atrás, ni perdón.

Vio como su espalda se estremeció, escuchó los sollozos que se escapaban de sus labios. Se mordió los suyos y lentamente alargó una mano, con la que le rozó con suavidad.

-Bill….-no pudo evitar susurrar.

Pero él se alejó más de su contacto. Vio que se cubría la cara con ambas manos y ya no lo pudo soportar más. Se destapó y se deslizó hasta su cama, en donde le abrazó a pesar de sus intentos por soltarse.

Bill se revolvió bajo su abrazo. No le quería cerca, no quería que le tocase nunca más en la vida. 

-Suéltame…vete…-le dijo entre sollozos.

Pero Tom siempre había sido el más fuerte. Consiguió echarse encima de él, le apartó las manos de la cara y vio su rostro bañado.

-Lo siento-susurró.

-Es tarde para pedir perdón. Además, ya lo he olvidado- dijo Bill en voz alta.

-Sshhh…mamá te puede oír-susurró Tom de nuevo.

-Eso ya me da igual. No estamos haciendo nada que le deba asustar-dejó Bill bien claro.

Levantó la rodilla y le golpeó en la entrepierna con maldad. Vio como su rostro se encogió en una mueca de dolor, como se quedó sin fuerza y sin respiración, momento que aprovechó para empujarle y quitarle de encima.

Se levantó de la cama y le vio encogido en ella jadeando, mientras que él se limpiaba la cara y se iba hacia la ventana. Escuchó sus lamentos, y se odió por ello. Nunca antes creyó que le haría daño, porque era lo que más quería en el mundo entero. Peo él se lo había hecho y parecía disfrutar de ello.

Cuando el dolor remitió y pudo respirar con normalidad, Tom se levantó despacio y se acercó a su hermano. Se quedó a su lado sin tratar de tocarle.

-Al menos podías alegrarte de que vayas a tener un sobrino-le dijo en tono triste.

-¿Alegrarme? Vas a traer al mundo una vida, alguien más a quien destrozar-contestó Bill furioso.

-No digas eso. Va a ser muy querido, por todos. Y por ti también. En cuanto le tengas en tus brazos todo el mal que te he hecho quedará olvidado.

Bill se giró y le miró con odio en los ojos.

-Nunca lo olvidaré. No me dejas hacerlo. Cada vez que la veo a ella lo recuerdo. Todo el daño, todo el sufrimiento. Ese niño nunca será mi sobrino, solo una víctima más tuya. Porque sé que será tan desdichado como yo, porque verá que eres incapaz de amar sin hacer daño a los demás.

-Joder Bill, eres más cruel de lo que pensaba. Podrías hacer como los demás, darme la enhorabuena y nada más, no hacerme polvo con tus palabras-dijo Tom volviendo a su cama.

-¿La enhorabuena? ¿Por qué? ¿Por ser tan imbécil y no pensar en usar un condón? Vamos, que no tienes 10 años, sabes que hay cosas que evitan estos tipos de problemas.

-Déjalo ya, solo quiero tratar de dormir, haz tú lo mismo.

-No me digas lo que tengo que hacer, perdiste ese derecho la primera vez que abriste los labios para insultarme. Duerme tú, si tu conciencia te lo permite, yo me voy al salón.

Salió de la habitación tratando de no dar ese portazo que tantas ganas tenía. Bajó y se sentó en el sofá, en donde dio rienda suelta a más lágrimas acumuladas, tratando de encontrar una solución a sus problemas. No podía continuar en esa casa. El verla todos los días y a su hermano tras ella iba a acabar con él. Solo había una solución, y la pondría en práctica al día siguiente.




-No puedes decirlo en serio-dijo Tom incrédulo.

-Ya me has oído, y mamá está de acuerdo-contestó Bill sin mirarle.

-No puedes irte de casa, no sé como mamá lo permite…

-Ya ves, tu amiguita la tiene en las nubes. Ha sido entrar ella y hacerme salir a mí por la puerta. Ya le da igual que uno de sus hijos se encuentre mal, para ella ahora tiene una hija que le sustituirá.

Se limpió esa lágrima que se le escapó, se maldijo por ser tan débil y mostrarlo delante de su hermano. Continuó haciendo sus maletas tratando de retenerlas en vano, cada vez que guardaba algo una lágrima resbalaba por su mejilla y se perdía en el aire.

Tom le miró en silencio, no sabía que más hacer o decir para retenerle. Estaba dolido con su madre, por no hacer nada por impedirlo, era menor de edad, debería obligarle a quedarse, no animarle a que se fuera a otro lugar.

-¿A dónde irás?-le preguntó tras unos minutos de silencio.

-Al apartamento. Llamé a papá, pero estaba de viaje y no podía quedarme con él. Georg y Gustav me acogerán con gusto, en vista de que mi familia no me quiere-dijo Bill con dureza.

Cerró la maleta de golpe. La cogió en sus temblorosas manos y se dio la vuelta dispuesto a partir.

-Quítate de la puerta-le ordenó al verle allí parado.

-No, hasta que entiendas que tu familia te quiere, que no te ha abandonado…..que te sigo amando….

Eso hizo que un sollozo se escapase de los labios, que se cubriera el rostro con una mano y negase con la cabeza.

-Deja de hacerme daño…..basta ya de mentiras….

-Es la verdad-dijo Tom cogiéndole por los hombros-Jamás te dejaré de amar.

Sabía que no tenía derecho a hacerlo, pero aún así se acercó para rozar sus labios por última vez, sintiendo como su cuerpo se estremecía al sentir ese beso que podía ser el último, que se entregaba a el a pesar de tanto dolor y odio acumulado.

Gimió contra su boca, le permitió entrar en la suya. Esa fue su despedida, la última vez que dos hermanos se decían adiós…

Se separaron ambos con lástimas, con las mejillas bañadas en lágrimas.

-Te veré en los ensayos-murmuró Tom soltándole.

Bill solo asintió con la cabeza y salió por la puerta que su hermano mantenía abierta, que no cerró porque sabía que tarde o temprano volvería a sus brazos...





Había pasado un mes desde que Bill fue “echado” de casa. En ese tiempo había estado viviendo, o mejor dicho, sobreviviendo en el apartamento con Georg y Gustav.

La primera noche fue la peor, se la pasó sin dormir, llorando por lo que inevitablemente había perdido. No era el amor de su hermano en si, si no a la persona con la que había compartido su vida desde que nació, sus penas, sus alegrías.

Tumbado en la cama, cerraba los ojos para no ver la pared de enfrente, la que comunicaba con la habitación de su hermano, vacía en esos momentos y quizás para siempre. Como su corazón.

Se rozaba los labios con los dedos, sintiendo en ellos la huella del último beso. Pensando que ya no habría más. Ni de él ni de otra persona, porque su corazón le pertenecía solo a él. Y sus labios también.


Todos los días que ensayaban él se presentaba forzando una sonrisa delante de sus amigos que moría en sus labios cuando le daban la espalda, cuando se fijaba que su otra mitad estaba igual que él. Trataba de quedarse a solas con él para hablar, pero solo le negaba con la cabeza y le pedía que se marchara, que no hiciera más dolorosa la separación.


Su madre le llamaba todos los días, le rogaba que regresara a casa, pero él simplemente se negaba, sin dar ninguna excusa o explicación.


Su voz comenzó a resentirse y fallaba en los conciertos. No tenía motivos para vivir, ni fuerzas para cantar. Las fans chillaban enloquecidas cada vez que una actuación se cancelaba por su afonía.

Mientras, él las escuchaba llorar desde su camerino, en el que se encerraba y hacía lo mismo.


-Esto no puede continuar así-dijo David tras suspender la actuación en la tercera canción.

Todos guardaron silencio y miraron a Tom, esperando a que hiciera algo. Que fuera al camerino a hablar con su hermano, cosa que no le apetecía nada.

David le tomó del brazo y le llevó a un rincón aparte.

-Habla con tu hermano, por favor-le suplicó-Trata de averiguar que le pasa.

-No me escuchará, hace tiempo que no lo hace-murmuró Tom dolido.

-No lo entiendo. Pensé que estaría muy feliz con la idea de tener un sobrino, sin embargo le veo muy apagado. Tengo miedo de que haga algo.

-¿Algo? ¿De qué hablas?-preguntó Tom asustado.

Pero David se mordió los labios sin decir nada. Le prometió que no diría nada si buscaba ayuda. Apretó los hombros de Tom y le empujó en dirección al camerino en donde se había encerrado su hermano. Le suplicaba en silencio que hiciera algo…



Tom se dejó llevar y esperó a estar a solas ante la candada puerta. Suspiró y levantó una mano para llamar despacio. Esperó una respuesta que tardó en llegar.

-Vete-ordenó una voz ronca.

-Bill, soy yo-dijo en voz alta.

-Lo sé, vete-repitió Bill.

Se encogió de hombros y se dio media vuelta. Se dirigió a donde estaban los demás, que le miraban esperanzados.

-Lo he intentado-les explicó.

-Pues a mí no me lo parece-dijo David.

Comenzó a andar enfadado y los demás le oyeron aporrear la puerta sin cesar.

-¡Bill! Basta ya de estupideces. Abre de una maldita vez-gritó David desesperado.

Se calmó unos minutos, hasta que la puerta se abrió lentamente y Bill salió con la cabeza agachada.

-Me encuentro mal, me voy a casa-dijo pasando ante él.

Quería cogerle del brazo, impedir que se fuera de su lado, pero recordando que la última vez que trató de consolarle le besó en los labios, decidió dejarle marchar, que se consolase en soledad.

Y eso fue lo que hizo. Salió de la discoteca en la que la actuación ya no tendría lugar. Se caló la gorra y se puso unas grandes gafas oscuras que ocultaban parte de su rostro. Metió las manos en los bolsillos de su cazadora y dejó que sus pies escogieran el camino, que le llevó hasta un bar en el que entró a ahogar sus penas.

Se sentó en la barra y pidió una cerveza, que de un trago apuró para pedir una segunda. Así hasta cuatro, hasta que sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies, que flotaba por el aire sin sentir nada de dolor por parte de su hermano, ni compasión.

Tras dos horas decidió tratar de volver al apartamento. Pagó dejando una generosa propina y se tambaleó hasta la puerta. Salió a la calle y dejó que los pies eligieran de nuevo un camino que seguir. Pero esa vez todo estaba nublado en su mente y le llevaron a un oscuro callejón, en el que se apoyó en la pared para tratar de no caer.

-¿Estás bien?-le preguntó una voz a sus espaldas.

-¡NO! ¿O es que no se ve?-contestó rompiendo a llorar.

-Tranquilo, todos estamos igual, solo te quiero ayudar-le dijo la misma voz cada vez más cerca.

-¿Ayudar?-repitió arrastrando las palabras.

…l asintió con la cabeza y levantó una mano acariciando su mejilla. Bill cerró los ojos. Hacía mucho que nadie le tocaba de esa tierna manera, así que el gemido le salió sin poder reprimirlo.

-Sabía que esto te haría feliz, ¿quieres que siga?

-Si….por favor……-le suplicó.

…l obedeció y bajó más la mano. Le desabrochó la cazadora y frotó su pecho sobre la ropa. Pero no era eso lo que buscaba. Siguió su camino hasta sus pantalones, que desabrochó y metió en ellos una mano en busca de su miembro.

-¿Sigo?-volvió a preguntar.

-SI…….-”Sigue, Tom”-no pudo evitar pensar.

…l sonrió y se arrodilló mientras sacaba de sus bóxers esa erección que crecía poco a poco ante sus ojos, se al acercó a la boca y cerró los labios en torno a ella, comenzando a masajearle con la lengua, permitiendo que le tirase de los cabellos en un desesperado intento.

Alzó la cabeza mientras el placer subía por su cuerpo, cerró los ojos y separó los labios dejando libre esos gemidos que llevaban tanto tiempo encerrados, dejando que dieran paso al grito cuando se corrió en esa boca que tan bien se le acoplaba...

-Tom……-no pudo evitar gemir.

…l chico se levantó mientras se limpiaba la cara con una mano. Sonrió al verle en ese estado y le acarició despacio, tirando de su nuca hasta que Bill le frenó con una mano.

-Nada de besos. No me gusta que la gente me bese-murmuró Bill abriendo los ojos.

No quería perder el recuerdo del último beso recibido, la última cosa que su hermano hizo bien.

-No pasa nada. Me ha gustado mucho, cuando quieras repetir, si te vuelves a encontrar mal aquí me encontrarás.

Bill asintió y sonrió mientras le veía alejarse. Bajó las manos y se recompuso las ropas. Se abrochó los pantalones y comenzó a andar más animado, con una gran sonrisa en los labios…






Llegó al apartamento sin saber como, ni la hora que era. Abrió la puerta al cuarto intento y entró tratando de no hacer ruido, pero tropezó con la mesa del recibidor y tiró el jarrón que había en ella, que se hizo añicos al contacto con el suelo.

-¡Bill!-le gritaron desde las escaleras.

Levantó la mirada, pero sus gafas se habían torcido y todo estaba muy oscuro. Sintió que unos brazos le ayudaron a levantarse y alguien dio la luz, que inundó la estancia haciendo que cerrase los ojos con fuerza.

-¡Joder!-exclamó en voz alta.

-¡Estás borracho! Y yo que estaba preocupado-dijo Tom soltándole.

Volvió a estar en el suelo, donde esa vez había caído con más fuerza, haciendo que su estomago se revolviera y se llevase una mano a la boca.

-Tom, que va a vomitar-avisó Gustav…demasiado tarde.

Tom dio un paso atrás antes de que le manchase, viendo como se encogía y vaciaba su estómago sobre el suelo recibidor. Maldijo por lo bajo y se agachó para recogerle el pelo, poniendo una mano en su frente y levantándole un poco para que dejase de mancharse con su propio vómito.

Terminó y se dejó levantar de nuevo, rezando para que esa vez no le soltasen, aferrándose a su cuerpo con ambas manos y cerrando los ojos sollozando.

-No me dejes-le suplicó contra el cuello.

-No lo haré-prometió Tom.

Miró a Gustav y este asintió en silencio, dándole a entender que se encargaría de limpiar el suelo. Cogió con fuerza a su hermano y le llevó escaleras arriba, levantando el borde de su camiseta y limpiándole la boca con ella.

Entró en su habitación y fue directamente al baño con él a cuestas.

-Necesito acostarme-protestó Bill como un niño pequeño.

-Lo que necesitas es espabilarte, métete en la ducha, no me hagas obligarte-ordenó Tom de malas maneras.

Corrió la cortina de la ducha con fuerza y le obligó a meterse en ella vestido y todo al ver que trataba de escapar de sus brazos. Abrió el grifo del agua fría sin importarle mojarse y le sujetó con más fuerza cuando trató de escapar de nuevo.

-De aquí no sales hasta que yo lo diga-dijo entrando en la ducha con él.

“Solo lo hago para ayudarle, no porque te deseo”- se justificó en su mente.

Le abrazó con más fuerza, dejó que el agua le empapase a los dos, que su hermano recostase la cabeza sobre su pecho, quien no impidió que se la levantara con un dedo y acercase sus labios a los suyos, que le recibieron entre abiertos.

Sabía que no debería hacerlo, que iba a ser padre y estaba con una chica, pero en esos momentos había dejado de serlo. Volvía a estar con su hermano, volvía a desearlo… Le obligó a separar más los labios, a permitir que entrase en su boca, a arrancarle un gemido de placer….

Que fue interrumpido cuando Gustav entró en la habitación…

-¿Estáis bien?-preguntó antes de entrar en el baño.

Tom se separó deprisa de su hermano, que dejó caer la cabeza hacia atrás como si no tuviera vida, mostrándole ese dulce cuello que tantas veces había besado.

-¿Tom?-llamó Gustav extrañado.

Le había visto mirar a su hermano de una forma muy rara, sin quitar los ojos de su cabeza inclinada.

Tom cortó el agua sin decir nada y cogió la toalla que le tendía Gustav. Le secó la cara con ella arrastrando el maquillaje y dejando a la vista su pálida piel y sus marcadas ojeras, señales de que no estaba tan bien como aparenta.

-Te ayudo a acostarlo-se ofreció Gustav.

Tom asintió al ver que su hermano seguía inconsciente. La ducha no le había espabilado tal y como él pensaba. Entre los dos le llevaron hasta la cama, en donde le tumbaron y quitan la ropa mojada, dejándole en ropa interior que ninguno de los dos se atrevió a quitar.

-Bueno, aquí ya puedes tú solo-se excusó Gustav saliendo de la habitación.

Tom esperó a estar de nuevo a solas con su hermano, para hacer algo que llevaba mucho tiempo deseando. Le cogió el borde de los bóxers y tiró de el hacia abajo, dejando al descubierto lo que tantas veces había soñado con volver a ver. Le desnudó del todo y se le quedó mirando, viendo que no hacía nada por cubrirse, que estaba profundamente dormido…y no se enteraría jamás.

Levantó una mano y rozó ese miembro con los dedos, notando como su hermano sonríe en sueños. Fue su sonrisa lo que le impidió seguir. No podía hacerle eso, hacerle feliz solo en sueños mientras que su vida estaba destrozada por su culpa.

Caminó hasta la cómoda y cogió de ella una muda limpia que le puso sin entretenerse. Le levantó por los hombros y sujetándole con una mano abrió la cama con otra, dejando que descansase de nuevo la cabeza contra su cuello, poniéndose tenso al sentirle separar los labios y dejarle un beso.

Su mente le decía que estaba mal, le repetía que no se aprovechara de esa intimidad. …l solo suspiró y la obedeció. Alejó a su hermano despacio de su cuerpo y le acostó en la solitaria cama en la que había descansado desde que fue echado de casa, desde que le expulsó de su corazón.

Le tapó hasta el cuello, le acarició la mejilla y se decidió por un último beso. Se inclinó hasta rozar su aliento, se acercó a sus labios sedientos…. Para ver como giraba la cabeza y protestaba en sueños.

-Dije que nada de besos…-murmuró Bill en voz baja.

Eso hizo que Tom se separase corriendo. ¿Cuándo le había dicho que nada de besos? ¿De qué estaba hablando? Tal vez….

¡No! Eso era imposible. Su hermano no había encontrado a nadie que le sustituyera, eso era imposible. Le veía todos los días, veía la tristeza que le embargaba, veía el dolor en sus ojos, veía…lo solo que estaba.

Ahogó un gemido y caminó hacia atrás, hasta que su espalda chocó contra la puerta, que abrió deprisa para huir por ella.






Tras una noche de sueños erráticos, Bill despertó con un gran dolor de cabeza. Comenzó a abrir los ojos hasta que la dolorosa luz se lo impidió, haciéndole gruñir en voz baja y a cubrir su cabeza con la almohada. Se giró para dar la espalda a la ventana, ahogó un gemido al notar en su cabeza una punzada y conteniendo la respiración decidió levantarse a por algo que le ayudase a calmar ese dolor.

Se puso en pies con cuidado, mirando extrañado su ropa del día anterior tirada en el suelo. Se agachó y la tocó, extrañándose más al notarla húmeda. Tenía un vago recuerdo, de caerse por dos veces al suelo, de que alguien le recogía y en la ducha le metía...

Decidió dejar de pensar en esos momentos, su cabeza estaba a punto de estallar y todo le parecía un sueño, como si no estuviera despierto, como si fuera un sonámbulo que caminara en ellos.

Entró en el baño y abrió su neceser de maquillaje, maldiciendo al ver que no tenía allí ningún analgésico. Decidió bajar a la cocina, rezando por no encontrarse a nadie por el camino. No sabía que hora era, pero por la luz que entraba por la ventana se hacía una idea de lo tarde que debía ser.

Abrió la puerta y salió al pasillo en ropa interior y descalzo, sintiendo el frío del suelo atravesar su piel.

-Vaya, vaya, lo que hubiera dado por verte así en otras circunstancias-dijo una voz femenina a sus espaldas.

Cerró los ojos al oír su voz, maldiciendo por lo bajo antes de girarse para enfrentarse a ella.

-¿Qué haces aquí?-preguntó de malas maneras.

-Tom no vino anoche a casa. Simone me acercó hasta la ciudad y he venido a ver que tal está. Por lo visto ayer te fuiste de fiesta y él se quedó para cuidar de tu borrachera.

Bill la miró con odio. Por sus palabras. Por sus miradas. No cedió al impulso de cubrirse, dejó las manos quietas a ambos lados del cuerpo apretando los puños con fuerza, permitiendo que pasease sus ojos por su media desnudez.

-¿Dónde está ahora?-peguntó al verla rodearle y quedarse en su espalda.

-En la ducha-le contestó con una amplia sonrisa.

Sintió que le rozaba la piel con una mano y se dio la vuelta deprisa. La cogió por la muñeca con fuerza y apartó esa mano de su cuerpo.

-¿Que haces?-preguntó alejándose de ella.

La chica sonrió al verle en esa incómoda situación.

-Estoy preocupada por Tom, ya te lo he dicho. Le veo muy triste, porque os habéis peleado, por mi culpa. No quiero meterme en medio de dos hermanos.

-Ya es un poco tarde para eso, ¿no crees?

-¡Vamos Bill! Hagamos las paces. Tu sobrino crece dentro de mí. Acéptalo de una vez. Dale la enhorabuena a tu hermano y volvamos a ser una gran familia feliz.

-…ramos muy felices hasta que tú entraste en nuestras vidas, y desde luego, tú nunca serás parte de mi familia.

-Entonces, ¿no me vas a dar la enhorabuena?-le preguntó tocando su vientre con cariñosos gesto.

-¿Por qué? ¿Por ser lo bastante tonta como follar sin usar nada? De mi hermano me lo esperaba, pero de una chica tan lista como tú….o mejor dicho, espabilada. Era esto lo que buscabas, cazar a uno de los hermanos Kaulitz. Te felicito, lo has conseguido.

Se giró para seguir su camino hasta la cocina, sin escuchar los gruñidos de esa odiosa chica, que sin que se lo esperase le siguió y atrapó del brazo antes de que pusiera el pie en el primer escalón.

-Yo solo he hecho lo que tú nunca has sabido hacer. He hecho muy feliz a tu hermano-le escupió.

-¡Que sabrás tú de nuestra felicidad! Te metiste en medio, le apartaste de mi lado-gritó Bill todo lo que su dolorida cabeza le permite.

Fueron sus gritos lo que hicieron que la puerta de la habitación de Georg se abriera, que solo asomase la cabeza para ver como dos personas se peleaban peligrosamente cerca del borde de las escaleras. Vio la espalda de Bill, que sujetaba a la novia de Tom por las muñecas, quien levantó la vista y al verle puso en marcha un cruel plan, su mayor venganza…

-Bill… ¡no lo hagas!-gritó con miedo en los ojos.

Bill no entendía de lo que hablaba, solo vio como apoyaba las manos contra su pecho y se impulsaba hacia atrás, dejando caer su cuerpo rodando por las escaleras, mientras le dirigía una sonrisa de triunfo antes de quedar echa un ovillo al final de su recorrido…

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