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Infidelidad (Tokio Hotel) - Cap.4

Miró como el cristal de sus gafas iba dejando un rastro de sangre por su piel tras su paso, veía ese líquido rojo que iba hasta su corazón haciéndole vivir, llenándolo del calor que ya nunca más le daría su hermano…

Tembló y tiró el cristal lejos de su cuerpo. No podía hacerlo, se sentía patético, intentar suicidarse porque el gran amor de su vida le había hecho daño, no se lo merecía, no merecía dejar de vivir por él.

Se levantó con trabajo y abriendo el grifo metió debajo su muñeca lastimada. La herida no era muy profunda, no tenía las fuerzas ni el valor necesario para hacerlo. Cogió el borde de su camiseta y lo apretó contra ella, dejándose caer de nuevo al suelo, llorando por ser débil sin poder evitarlo.

-¡Bill! Abre, sé que estás ahí-gritó David golpeando la puerta.

Negó con la cabeza. En esos momentos no quería que nadie le viera, y menos en ese estado en el que su maldito hermano le había dejado.

Pero David no se dio por vencido, empujó la puerta con violencia al no oír su respuesta, y tras dos intentos fallidos la puerta cedió al tercero.

-¡Bill!-exclamó al verle.

Cerró la puerta de nuevo tras de sí, se inclinó y tomó su muñeca entre sus manos viendo lo que había estado a punto de hacer. Sacó su pañuelo y se la vendó sin dejar de oír sus sollozos y ver sus lágrimas.

-Te pondrás bien enseguida-le consoló acariciando su cara.

Pasó las manos por sus mejillas, le limpió esas lágrimas que no dejaban de bajar por ellas, le obligó a levantar la cabeza y a mirarle, ofreciéndole una sonrisa de compasión.

Bill miró esos labios que se estiraban, tan cerca de su cara que con solo levantar una mano los acarició con los dedos, se acercó más a ellos y sollozando deja allí un beso.

-Para….esto no….-tartamudeó David levantándose.

-Lo siento-se disculpó Bill levantándose también.

Apretó contra su cuerpo la mano herida, con el pañuelo de David tiñéndose con la sangre. Agachó la cabeza avergonzado por sus actos, se sentía en esos momentos tan vulnerable que reaccionó cuando sintió su compasión.

-Prométeme que nunca lo volverás a hacer-le pidió David.

-Prometo no volver a herirme-dijo Bill en voz baja.

-Y también lo otro-murmuró David carraspeando.

Bill asintió dándose cuenta de que se refería al beso. David abrió la puerta y al ver que no había nadie por el pasillo, cogió a Bill por los hombros y caminaron deprisa hacia el ascensor. Al no llevar ya sus gafas su cara estaba al descubierto, dejando que todos vieran el dolor que reflejaba y las lágrimas que bajaban por ella.

Le acompañó a su habitación y entró con él sin muchas ganas. No le apetecía estar a su lado después de lo que había pasado. Siempre tratando de negar esos rumores que circulaban sobre él, y había descubierto en sus propios labios que eran ciertos.

-Llamaré a tu hermano para que cuide de ti, no debes estar solo hasta que nos vayamos- murmuró intentando salir de allí cuanto antes.

-No, a él no le llames. Prefiero quedarme solo-dijo Bill furioso.

-A mí no me hablas así. Si os habéis peleado otra vez arregladlo entre vosotros. Ya me estoy cansando de que una simple riña de hermanos ponga en peligro la gira. Iré a por Gustav, siéntate en la cama y no te muevas de aquí.

Salió al pasillo sin ver si le había obedecido. Caminó furioso hacia la habitación de Gustav, pensando que ahora tendría que suspender la gira. Estaba claro que Bill no estaba en condiciones de continuar, lo mejor era que se fueran a sus casas, que sus padres se encargasen de él.



-David-le saludó Gustav cuando abrió la puerta-¿Ocurre algo?

-La gira se ha suspendido-dijo sin más.

-¿Cómo? ¿Por qué?-preguntó Gustav conmocionado.

-Bill no se encuentra bien, venía para que fueras a hacerle compañía hasta que nos vayamos, por lo visto se ha enfadado con su hermano y no quiere verle.

-Entonces ya se ha enterado-murmuró Gustav resoplando.

-¿Sabes qua ha pasado?-preguntó David arrugando la frente.

-Hay una chica por medio, eso es lo único que sé.

¿Una chica? ¿Entonces a que había venido ese beso?

-Lo que sea. Quédate con él, por favor. Yo tengo que hacer unas llamadas.

Salió de la habitación seguido de Gustav, quien se dirigió a la de Bill mientras que él entraba en el ascensor. Llamó a la puerta y entró cuando una débil voz le contestó.

Vio al dueño de ese susurro tumbado en la cama, tapando su cara con la almohada. Vio como su cuerpo era recorrido por los lamentos que surgían de su partida alma, que llegaban hasta sus oídos contagiándole de su tristeza.

Nunca le había visto llorar, o al meno no así, de una manera que le partía el corazón a quien le observara, dio un paso y se sentó a su lado, puso una mano en su hombro y le intentó consolar torpemente.

-Vamos Bill, que una chica no se meta en medio de vosotros, no os peléis por ella.

Pero solo consiguió que rompiera a llorar con más fuerza. Se levantó y le observó desde arriba. No sabía que más le podía decir, que palabras elegir para no hacerle sufrir.

Miró el reloj y vio que llevaba 15 minutos escuchando esos sollozos que parecían no tener fin. Suspiró aliviado cuando llamaron a la puerta y la abrió con fuerza.

-Nos vamos ya-le anunció Georg-Me manda David para que te eche una mano.

Le dejó pasar y entre los dos consiguieron arrancar a Bill de los brazos de Morfeo, se había quedado dormido de tanto llorar, el cansancio pudo con él de la misma manera que lo hizo su hermano. Se enfrentó a él y salió perdiendo…

Su hermano al menos se había divertido, mientras que a él le quedó la peor parte. La de lamentar el resto de su vida haber actuado con precipitación. Haberse enamorado de su propio hermano. Intentar dejar de quererle por su cruel traición.

Porque era eso lo que había hecho. Intentarlo. Porque por mucho que se esforzara, por muy enfadado que estuviera con él, el amor que una vez sintió le impedía olvidarle, dejar de quererle, llegar a odiarle…



Salieron del hotel por la puerta de atrás. David ya lo tenía todo previsto y el autobús les aguardaba impaciente. Tom estaba a su lado, con un arañazo que le recorría la mejilla izquierda. 

Entraron en el autobús y se pusieron de camino a casa. David les pidió con la mirada a Georg y Gustav que le dejase a solas con los malhumorados hermanos. Sujetó a Bill por la cintura cuando intentó escabullirse al piso superior tras sus amigos y le obligó a sentarse al lado de su hermano que resoplaba al saber que le iban a echar la bronca.

-No sé que ha pasado exactamente entre vosotros, y la verdad es que ya me da igual, estoy harto de que os portéis como dos niños malcriados. Si lo que necesitáis es mano dura, la vais a tener. 

-¿Es que nos vas a pegar?-no pudo evitar reírse Tom.

-No, os voy a dejar en manos de vuestra madre, que elija ella el castigo que merecéis-contestó David con aire triunfal.

Tom borró la sonrisa de inmediato. Conocía muy bien a su madre y sabía lo que iba a decir. Que eran demasiado jóvenes para estar de un lado para otro sin la vigilancia de un adulto, que la tontería del grupo se terminó y que estarían castigados en sus habitaciones hasta que a las ranas les creciera el pelo.

-Eso es todo lo que os tenía que decir. Bueno, eso y que la gira se ha suspendido. La discográfica está muy contenta con vosotros, por no decir que conmigo está que da saltos. Os dan una semana para que arregléis vuestros asuntos, y ha dejado claro que la próxima vez se pondrán más serios.

Tom se levantó al ver que la charla terminó. Pasó casi por encima de su hermano y corrió escaleras arriba a los dormitorios. Bill también se levantó para entrar en el baño, la única puerta que había en todo el maldito autobús. Se encerraría en el para el resto del viaje, para así no volver a ver a su hermano, ni tener que oír su dulce voz que de vez en cuando se transformaba en cruel como lo eran sus palabras.

Pero fue vuelto a ser cogido por la cintura. David el obligó a sentarse otra vez y se le quedó mirando esperando a que él hiciera lo mismo.

-No hace falta que te diga que tienes que buscar ayuda. No les he dicho a al discográfica lo que pasó en el baño porque me has prometido no volver a hacerlo, pero esto no puede quedar así. No sé que era lo que se te pasaba por la cabeza en esos momentos, pero está claro que necesitas hablar con alguien. Soluciona tus problemas, no me hagas obligarte.

-Creo que ya lo estás haciendo-murmuró Bill enojado.

-Si en dos días no veo que haces algo, yo mismo te llevaré a rastras. O se lo diré a tu madre-amenazó David.

-No te atreverás-le desafió.

-Ponme a prueba. Todavía sois menores de edad, es ella quien manda en vuestras vidas.

Le dejó sumido en sus pensamientos mientras que él se sentaba en la parte más alejada del autobús, abría su portátil y se dedicaba al duro trabajo de posponer entrevistas y conciertos, aludiendo a una afonía del cantante.





Tras lo que se les hicieron días, el autobús llega a su destino y pudieron salir a estirar las piernas. Nunca se les había hecho tan largo un viaje. No era nada divertido el ver a los dos hermanos sin dirigirse la palabra o mirarse con el odio marcado en sus ojos. 

Y lo peor vino en la noche. No querían descansar bajo el mismo techo, así que Tom decidió acostarse en el sofá del piso inferior, diciendo que la noche anterior había descansado en la gloria, lo que provocó que Georg y Gustav tuvieran que dormir con el sonido de los sollozos de Bill de fondo.

Se despidieron de ellos deseándoles suerte con su madre. Un coche les esperaba para llevarles al apartamento. David se esperó a que llegase el que tenía que llevar a los gemelos a la casa de su madre. Vio como entraban en el sin dirigirse una mirada, como se sentaban atrás cada uno mirando en la dirección opuesta y suspiró aliviado cuando vio que el coche se pierde en la lejanía.


Tras dos horas de viaje en las que el único sonido que se escuchó fue la fuerte respiración de Tom cuando se quedó dormido, llegaron al fin a su destino. Bill miró a su dormido hermano, sin evitar pensar que esa sería la última vez que estaría a su lado viéndole dormir.

Estiró una mano pero sin llegar a rozarle. La dejó bien cerca de sus labios, sintiendo en su palma el cálido aliento que salía de su cuerpo. La apartó deprisa cuando vio que había abierto los ojos y le miraba.

-Ya hemos llegado-le dijo avergonzado.

-¿Ya nos hablamos?-preguntó Tom con sorna.

-Perdona, se me había olvidado-contestó Bill enfadado.

“Cabezota. Siempre estropeas un íntimo momento. No sé que vi en ti para caer rendido a tus pies, abres los labios y de ellos solo salen crueles palabras…y los mejores besos que me hayan dado”-suspiró Bill saliendo del coche.

“Idiota. Has perdido tu oportunidad. Me lo estaba poniendo fácil, estaba a punto de caer en mis brazos. Pero abrí la boca y me volví a burlar de él. Me reí de sus sentimientos como si no me importaran nada. Cuando es al contrario. Quiero saber si está mal y lograra hacerle sentir bien. Quiero sabe si se siente bien para hacerle sentir mejor”-se reprochó Tom viéndole salir enfadado.

En el jardín les esperaba su madre con los brazos cruzados. A su lado estaba su padrastro, y buscaron a su padre con la mirada. No lo vieron y les pareció que David creyó que con dos adultos enfadados tendrían bastante por ese día.

-Dadme un beso de bienvenida y meteros en vuestra habitación de inmediato-ordenó una madre muy enfadada.

Bill la obedeció de inmediato, y besó su mejilla para comenzar a entrar en la casa, pero su hermano no se conformó con ser castigado nada más llegar.

-Tendríamos que hablarlo antes. Ya somos mayorcitos para que nos mandes a nuestra habitación sin comer-protestó tras besar a su madre.

-Si fueras tan mayorcito como crees que eres, no te pelearías con tu hermano por una tontería, haciendo que se suspenda una gira sin importarte el trabajo de la gente que depende de vosotros, por no hablar de las fans que llorarán desconsoladas.

-No te preocupes por ellas, Tom sabrá consolarlas de la mejor manera-dijo Bill antes de entrar en la casa dando un portazo.

Simone miró a su hijo mayor, que no había tenido tiempo de huir como lo había hecho el cobarde de su hermano.

-Dime a que se refería tu hermano-le preguntó cada vez más furiosa.

-A nada, está enfadado, no le hagas caso-contestó Tom caminando hacia la casa.





Los siguientes días fueron un verdadero infierno. Simone no sabía que hacer para que sus hijos hicieran las paces. Cada mañana se levantaban sin dirigirse la mirada, ni siquiera para desearse los buenos días. Se sentaban a comer en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.

Bill cumplió su promesa y visitó a un especialista a regañadientes. Se inventó la historia no del todo incierta de que se encuentra deprimido porque había perdido al que creía el gran amor de su vida. Tras una hora en la que solo escuchó de sus labios unos simples “si” o “aja”, la sesión se dio por terminada, citándole para el día siguiente.



Habían transcurrido 4 días y al situación no había mejorado. Y la cosa se puso peor cuando una buena mañana y tras un desagradable desayuno Tom salió a dar un paseo chocándose con la odiosa chica en cuestión.

-¡Tú! ¿Qué coños haces aquí?-no pudo evitar gritar al verla plantada delante de la puerta.

La chica sonrió al ver su nerviosismo, la manera en la que miraba por encima de su hombro y cerraba la puerta sin hacer ningún ruido. La cogió del brazo con fuerza y se la llevó a rastras hasta una calle lejana. Solo entonces la soltó y pudo gritar sin que su querido hermano le oyera.

-¿Cómo sabes donde vivo? ¿Qué quieres?-estalló.

-Eso lo sabe todo el mundo, por algo sois famosos. Y es a ti a quien quiero-le dijo señalándole con un dedo.

-Te dije que solo sería una noche, sin segundas partes.

-Me temo que habrá una segunda parte, como consecuencia de cierto detalle que se nos olvidó esa noche.

-¿De qué hablas?-preguntó sintiendo la boca seca.

-La próxima vez que te emborraches y te lleves a una chica a tu habitación, que no se te olviden los condones, machote.

-¡¿Qué?!-gritó sin querer.

-Lo que has oído. Me has dejado embarazada, cariño-explicó la chica sonriendo ampliamente.

Tom negaba con la cabeza sin poder articular palabra alguna. No podía estar sucediendo. Las cosas no podían estar saliendo peor. A menos que esa golfa…

-¿Y como sé que es mío?-preguntó arrugando la frente.

-Puedes creerme o no, pero eres el único con el que he estado en mucho tiempo. Hazte la prueba si quieres, pero te aseguro que dentro de mí está creciendo tu hijo-dijo la chica con firmeza.

Hijo.

Esa palabra le sonaba muy bien. No porque lo había dicho ella, si no porque era algo a lo que creía haber renunciado. Si seguía con su hermano, no habría nada tras ellos. Serían solo dos personas que se aman entre ellas, sin tener a nadie más a la que transmitir ese gran amor que a ellos le sobraba.

No sabía como había sucedido, pero cuando se quiso dar cuenta estaba abrazando a la chica y la besaba en los labios desesperado. Había hecho realidad uno de sus más profundos deseos. El de tener a una persona que estuviera orgullosa de tener por padre a alguien como él…

Una persona que había sido muy cruel con su propio hermano, que le había amado de una forma prohibida y dolorosa. Porque el estar lejos de él le hacía daño. El verle enfadado y triste a la vez le hacía querer morir…


Hicieron planes mientras caminaban de regreso a la casa. Se lo tenían que decir a su madre. Sabía que en esos momentos seguía enfadada porque su hermano y él no habían hecho las paces, pero sabía que una buena noticia como esa le hará olvidar todo lo pasado. 

Aunque también era cierto que querrá matarle por hacerle abuela siendo ella tan joven todavía para serlo…



Los gritos resonaron en la casa cuando Tom dejó caer esa bomba. Simone no sabía como reaccionar. Primero y como era lógico lloró enfadada. Los veía demasiado jóvenes, por no mencionar el hecho de que el saber que su hijo ya estaba practicando sexo con apenas 17 años le hacía sentirse más dolida todavía, y no quería ni intentar imaginar desde cuando lo llevaría practicando.

Luego lloró emocionada. Le hacía mucha ilusión la idea de que dentro de poco la casa se llenaría de las risas de un bebe, que el llanto de un niño se oiría en esa casa en la que ya había pasado mucho tiempo desde la última vez…

O eso era lo que ella se pensaba, pues en el piso de arriba había una persona que no lo estaba celebrando con los demás. Una persona que estaba de rodillas en el suelo llorando por lo que acababa de perder sin remedio.

Si Simone levantara la vista y escuchara con atención, podría escuchar ese llanto de un niño que tanto deseaba oír por la casa…

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