Buscar

Infidelidad (Tokio Hotel) - Cap.3

El día siguiente llegó con demasiada lentitud para Tom. Después de que la chica se marchara, fue al baño y lavó su cuerpo de esa cruel experiencia. No había disfrutado todo lo que hubiera deseado. Mientras lo hacía con ella abrió unos segundos los ojos y a la luz de la luna pudo apreciar sus cabellos negros, haciéndole recordar los de otra persona que ya no estaba a su lado.

Sollozó en la ducha sin consuelo. ¿Qué había hecho? Lo de su hermano solo fue un beso, lo suyo había sido peor. Estuvo dentro de ella, le hizo el amor.

Se dio la vuelta en la cama y miró por la ventana. Vio su reflejo en ella, pero era como ver a su hermano a su lado, pero muy alejado. Estiró la mano pero no llegó a rozar el cristal.

-¡No te alcanzo!-sollozó muy bajo-Te necesito a mi lado.

La dejó caer en el colchón y cerró los ojos para no ver nada, para no sentir nada…



Cuando Bill se despertó le dolía todo el cuerpo. Se había quedado dormido en el suelo, destapado y ahora tiritaba de frío, ¿o era por los nervios? No lo sabía...

Se levantó lentamente y puso una mano en su frente. ¡Tenía fiebre! Lo sabía, su hermano se la había provocado. Suspiró resignado y entró en el baño a por un analgésico que se la bajase. Se lo tomó y se miró en el espejo. Vio su reflejo, miró sus ojos y vio en ellos los de su hermano.

-Te odio-susurró a su reflejo-Deja de mirarme así, deja que este dolor sea solo mío.

Salió del baño y comenzó a vestirse. Quería bajar a desayunar antes que lo hiciera su hermano. Salió de la habitación y se metió en el ascensor tras calarse las gafas de sol. Tenía unas ojeras que le llegaban hasta el cuello, ni un buen maquillaje las habría disimulado, pero ahora mismo no podía pensar en eso, en cubrir su dolor con una máscara.

El ascensor se paró en una planta y en ella subió una chica que le dio la espalda. Agachó la cabeza para que no le reconociera, no estaba de humor para sonrisas falsas.

Pero un gemido que se escapó de esos labios le hizo levantar la cabeza de inmediato. Era ella, la chica de la discordia. No le había visto y él no sabía que hacer. Estaba al alcance de su mano, se merecía una bofetada, pero él no pegaba a las mujeres. Se la daría a su hermano en cuanto le viera, pues él si se lo merecía.

Llegaron al hall del hotel y la chica salió del ascensor, y con un poco de suerte de su vida para siempre. No le había podido decir nada, solo quedarse con la cabeza agachada mirando el suelo, rezando para que no se diera la vuelta y le restregara por la cara lo bien que se lo pasó con su hermano.


Estaba desayunando solo hasta que se le unieron Georg y Gustav. No lo sabía pero llevaban unos minutos observándole, le habían visto solo y no sabían si Tom le había contado algo o no. Decidieron no sacar el tema hasta que vieran por donde iba la cosa, solo se acercaron él para hacerle compañía y darle el consuelo que necesitase.

-¿Has dormido bien?-le preguntó Georg al sentarse enfrente de él.

Gustav le dio una patada bajo la mesa. ¿Cómo le podía preguntar eso? Se fue enfadado al hotel, se quedó sin fiesta, discutió con su hermano,… ¡pues claro que no había dormido bien! 

Georg le miró enfadado frotándose el tobillo. 

-¿Ya has desayunado?-le preguntó Gustav animado.

-No tengo apetito-contestó Bill dejando caer la galleta en el café.

Observó como flotaba en la superficie hasta que se hundió del todo. Como él. Hundido por culpa de su hermano, escondido en el fondo de su ser para no sentir su hipocresía.

Llevaban media hora desayunando en silencio cuando se les acercó David.

-Dejamos el hotel en dos horas, ¿ya habéis hecho las maletas?

-Solo falta Tom, a saber que estará haciendo-dijo Georg como si nada.

Una nueva patada fue dada por Gustav, con tan mala suerte que fue Bill quien la recibió y gimió de dolor.

-¡Auch!-gritó mirando a sus compañeros.

No sabía quien de los dos había sido, y parecía que no le pensaban pedir perdón. Bueno, así se iba acostumbrando a sentir dolor y no recibir su perdón.

Se frotó el tobillo agachando la mirada, sin ver el codazo que Georg le pegaba a Gustav ni la colleja que él le devolvió.

-Me voy a terminar de hacer la maleta-murmuró levantándose.

Salió del comedor cojeando y en ese momento una discusión estalló en la mesa.

-Otra patada más y te machaco-amenazó Georg.

-Pues mantén la boca cerrada, has estado a punto de meter la pata dos veces. No hables de Tom delante de Bill hasta que no sepamos si han hecho las paces, ¿es mucho pedir?-preguntó Gustav con ironía.

-¡Cállate de una vez! ¿Es mucho pedir?-contestó Georg con sorna.

David puso los ojos en blanco y se fue él también a hacer su maleta dejándolos riñendo como dos niños pequeños. A él no le pagaban por ser su niñera, que era exactamente lo que parecía...



Bill estaba llegando a su habitación cuando la puerta de la de su hermano se abrió. Se quedaron mirando sin decir nada. Cuando los minutos pasaron y no escuchó las disculpas de su hermano, que por supuesto no pensaba ya aceptar, se dio la vuelta dispuesto a marcharse, cuando su hermano le cogió del brazo y le obligó a entrar en su habitación.

-Tom Kaulitz, ya me estás dejando salir-dijo Bill muy enfadado.

-¿Desde cuando me llamas así? Suena raro, como si fuéramos dos extraños…

-Eso es lo que somos, porque yo no reconozco al hermano que tengo delante. Dime, ¿quién eres?-preguntó cruzándose de brazos.

-¡Pareces la reina del drama! Deja de decir estupideces.

-Y tú deja de insultarme, me ofende que me compares con una mujer por el simple hecho de querer lo que todas quieren.

-¿A mí?-preguntó Tom con una sonrisa.

-A un chico, y ese desde luego ese ya no eres tú, anoche me lo dejaste bien claro.

Paseó por la habitación de su hermano solo para no tener que verle la cara, para que él no viera las lágrimas si decidían hacer acto de presencia.

-Bill, lo que dije ayer…lo siento, no sabía lo que decía. Me enfadé porque parecías disfrutar con los besos de esa chica-se disculpó al fin Tom.

-No hablo de lo que me dijiste ayer, sino de lo que hiciste-recalcó Bill.

Tom se mordió el labio. Prefería mentirle a tener que decirle lo que hizo con esa chica, ya que se arrepintió nada más salir de ella, pensaba que eso contaría para algo.

-No sé de que me hablas-le mintió a la cara.

-¿No? Te refrescaría la memoria, pero para eso me tendría que operar y convertirme en una chica.

-No hace falta que seas tan cruel-dijo Tom en voz baja.

-Lo he aprendido de ti, de tu forma de hablarme y tratarme.

Tom intentó arreglar la situación. Sabía que su hermano sentía debilidad por él, que no podía vivir sin él.

-Yo siempre te he tratado con todo el amor de mi corazón-dijo dando un paso hacia él.

-¡Ah! ¿Era el amor el que hablaba por ti cuando me decías esas cosas horribles? ¿O cuando estabas follando con esa chica corriéndote dentro de ella?

Dio un paso atrás para que su hermano no le alcanzase, no quería que le pusiera una mano encima nunca más en su vida.

Tom apretó los dientes. Tendría que mentirle más para que regresase a su lado.

-Eso lo habrás oído en otra habitación y te has confundido. Vamos, soy yo, nunca te haría eso.

-Ya me lo has hecho, y para de mentirme a la cara.

Tom siguió avanzando hacia él, obligándole a estarse quieto o a retroceder, que era lo que estaba haciendo, hasta que sus pies se enredaron con las sábanas caídas de su cama.

Bill sintió que el suelo desaparecía de sus pies. Estaba a punto de caer, pero unos brazos le sujetaron con fuerza y se lo impidieron, hasta que le clavó las uñas en su desnuda piel y le obligó a soltarle y a caer.

-¡Joder Bill!-gritó Tom viendo sus marcas. 

-Perdona, ya sabes que las chicas tenemos las uñas largas, y bien afiladas.

Se apoyó en el suelo para levantarse cuando sus ojos tropezaron con una prenda negra que había escondida debajo de la cama. La tomó entre sus manos y se levantó con ella a sus espaldas.

-Así que anoche estuviste solo en esta habitación-murmuró tratando de mantener la calma.

-¿Seguimos con eso?-preguntó Tom resoplando.

Se sentó en la cama y se pasó las manos por la cara. Estaba cansado de esa situación, no sabía que más hacer para que volviera a su lado, que más mentiras contarle con el dolor de su corazón.

-Yo nunca lo he dejado-dijo Bill acercándose a su lado.

Le obligó a separar las piernas y se coló entre ellas. Puso una mano en su hombro y le miró fijamente a los ojos.

-Nunca lo dejaré-afirmó duramente.

Sacó de detrás de su espalda la mano en la que escondía el tanga de la chica y se lo mostró mientras una lágrima le bajaba por la mejilla. Se odiaba por eso, por mostrarse tan débil delante de él, que fuera testigo de todo el daño que le estaba haciendo.

-Dime que esto es tuyo-le exigió entre sollozos.

Tom se puso tenso y levantó una mano para cogerlo, pero Bill se lo alejó y levantó la mano de su hombro descargándola con todas sus fuerzas en su cara.

Se giró y le tiró el tanga a la cara.

-Tu trofeo, disfruta de él cabrón-musitó entre dientes.

Salió corriendo de la habitación. Quería estar a solas y no le apetecía volver a su habitación porque estaba muy cerca de él, de su dolor. Entró en el ascensor poniéndose de nuevo las gafas de sol. Se miró en el espejo viendo su oscuro reflejo a través de los cristales ahumados de las gafas.

“Sombras a mi alrededor, soledad girando en torno a mí. Para siempre solo, no más amor, no más dolor”


Tom se llevó la mano hasta la mejilla, viendo sangre en ella al retirarla. Corrió al baño y se miró en el espejo. Un arañazo le recorría el rostro.

“¡Malditas uñas!”-gruñó abriendo el grifo.

Se lavó la cara y se secó con cuidado de no hacerse más daño, aunque en parte se lo merecía. Se miró otra vez en el espejo y frunció el ceño.

“¡Maldito hermano! Has hecho que deje de amarte. Te odio con todas mis fuerzas, te…..”

No pudo seguir con sus pensamientos fruto del enfado. Se dejó caer en el suelo llorando contra la toalla.

“Te echo de menos. ¿Qué voy a hacer ahora sin ti? ¿Con quien pasaré mis noches de fría soledad? No hay nada más difícil que vivir sin ti, el frío de mi cuerpo preguntará por ti, y no sabré donde estarás”



Salió del ascensor y se dirigió a la puerta, pero una avalancha de fans histéricas frenó su huída. Ya no podía enfrentarse a ellas, había tenido bastante con lidiar con una que estaba agotado.

-Bill, ¿a dónde ibas? ¿Y tu equipaje?-le llamó David.

Se dio la vuelta sin contestarle. Buscó con ansia un lugar en el que dar rienda suelta a su dolor. Miró en todas direcciones sin ver a la gente que le observaba con una sonrisa en los labios. 

Por fin encontró donde esconderse y corrió hacia el baño. Se encerró en él sollozando. Arrancó sus gafas de la cara y las tiró al suelo sin escuchar el ruido de los cristales rotos. Los pisó sin remordimientos y se miró en el espejo.

“Deja de llorar como una chica, lo has perdido porque has querido. Bastaba con creer sus mentiras, hacerle ver que estabas equivocado y nada había pasado. Pero no, el maldito orgullo estaba primero y ahora te encuentras solo”

Gritó y se dejó caer al suelo, en donde cogió uno de los cristales de sus rotas gafas y lo acercó peligrosamente a su muñeca. Le temblaba el pulso, no podía hacerlo, acabar con su vida por un desengaño amoroso.

Ya vendrían más, pero ninguno como su hermano, nadie como él sabría tocar su cuerpo de esa manera en la que gritaba de corazón lo mucho que le amaba….

Como hizo la chica cuando le llegó el orgasmo. Lo escuchó claramente a través de la pared.

“Te amo”, le dijo a su hermano esa misma tarde.

“Te amo”, le dijo la chica por la noche.

-Te amo-sollozó rasgando su piel.

0 comentarios:

Publicar un comentario