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Infidelidad (Tokio Hotel) - Cap.11

Se inclinó más sobre la cama, cerrando los ojos con más fuerza. No quería ver nada que le hiciera detenerse, que le hiciera ver que delante de él no estaba la persona a la que nunca dejará de amar.

Sintió como su aliento le rozaba la cara, señal de ya estaba muy cerca. Separó los labios y conteniendo su aliento se acercó más a esos que le recibieron entre abiertos. Los cerró en torno a ellos y se entregó a ese beso con miedo. Vio que no era rechazado, de momento y subió una rodilla para comenzar a subirse a la cama y así estar más encima, obligándole a separar los labios metiendo su lengua entre ellos.

Eso fue lo que hizo que David se fuera despertando. Sintió que había alguien encima de él que le estaba besando con mucha pasión…y que no era tan malo como llegó a pensar… Abrió los ojos y vio la cara de su joven protegido, levantó las manos tratando de separarle, pero dejó de intentarlo cuando sintió como su lengua le exploraba la boca con ternura. No pudo evitar soltar un profundo gemido y que su lengua saliera al encuentro de la otra, contra la que se frotó con placer, haciendo que fuera él el que gimiera esa vez cuando le rozó el piercing con la punta de la lengua.

Le sintió dejarse caer sobre él, y entonces se dejó llevar, olvidando que eso no podía suceder. Le cogió entre sus brazos y le hizo rodar por encima de él, hasta que quedó bajo su cuerpo y tomó el control del beso. Expulsó su lengua de su boca y entró en la suya, comenzando a explorarla con violencia mientras sentía como sus manos le recorrían la espalda.

Bill sonrió contra esos labios que tanto placer le estaban dando. Pasó sus manos por su espalda, llevando una más abajo lentamente hasta llegar a su objetivo. Levantó con un dedo el borde del pijama de David y metió la mano por su ropa interior, lo que hizo que sus labios fueran bruscamente separados.

-Esto no está bien-susurró David bajando su mano.

-Por favor, no me detengas-suplicó Bill de la misma manera.

Movió más su mano, frotándose contra su miembro, viendo como cerraba los ojos y separaba los labios suspirando. Siguió frotándose contra él, arrancándole más suspiros de placer y supo que le había convencido. Se movió contra su cuerpo, haciéndole rodar en la cama para que se tumbase de espaldas. 

Sin soltar la presa de su mano, se inclinó sobre su cuerpo mientras que le bajaba las prendas. Acercó sus labios y sustituyó su mano por ellos. Se apoderó de su miembro succionando con fuerza, poniendo la lengua en su erección y frotándola contra ella.

David apretó más los ojos y se dejó hacer, desterrando al fondo de su mente su conciencia adulta que le decía que lo estaba haciendo con un niño. Pero para él dejó de serlo en el momento en que su lengua le pidió permiso para entrar en su boca. Estaba claro que no era la primera vez que lo hacía, que sabía lo que quería hacer y que estaba haciéndolo demasiado bien.

Ya le sentía preparado dentro de su boca, pero no era allí donde quería tenerlo. Sin separar sus labios de su miembro, bajó las manos y se despojó de sus boxers. Llevó una mano hacia sus nalgas y él mismo se preparó. Coló con nervios dos dedos dentro de su cuerpo jugando con su entrada, metiendo dos más y dejándola dilatada.

Solo entonces liberó de su boca esa erección ya formada. Se movió con rapidez antes de que David pudiera cambiar de opinión y se arrastró por su cuerpo, quedándose a horcajadas sobre él. Llevó su miembro a su entrada con la mano y lo coló en su cuerpo muy despacio, aguantando la respiración tras tanto tiempo sin hacerlo. 

Poco a poco le hizo penetrar en su interior, hasta que una vez dentro del todo pudo expulsar el aire retenido en forma de profundo suspiro. Se apoyó en su pecho con las dos manos mientras recuperaba el aliento, sonriendo al volver a sentirse lleno.

Cerró los ojos y no vio como sus manos se alzaban y las ponía sobre sus hombros. Levantó la cabeza y le miró con un brillo especial en los ojos.

-Cuando tú digas-dijo David con voz ronca.

Bill sonrió y comenzó a mover sus caderas de atrás hacia delante, pero no era el único que las movía.

David alzaba las suyas cuando sentía que estaba a punto de salirse. No quería quedarse fuera, porque si eso pasara no se vería con la fuerza necesaria para volver a entrar. Bajó las manos de sus hombros y las lleva hasta sus caderas, guiándole en sus movimientos, ayudándole a marcar el ritmo de las suaves embestidas, que al principio era lento pero que poco a poco iba creciendo. Sentía que el orgasmo estaba cerca, notaba como le picaba la piel al sentir los primeros espasmos recorrerle el cuerpo.

Bill también lo sentía y se inclinó apoyándose en su pecho con una mano mientras bajaba la otra más abajo y acariciaba su erección que se frotaba contra el vientre de David con cada embestida. Cerró los ojos y aguantó el aliento cuando le sintió derramarse en su interior, notando como su calidez se extendía por su cuerpo y le hacía derramarse entre sus dedos.

David se mordió los labios para no gritar cuando tras una embestida suave se derramó dentro del joven cantante, quien tras hacerlo entre sus cuerpos cayó rendido sobre su pecho. Sentía como trataba de recuperar la respiración, echando su cálido aliento sobre su piel tras hondos jadeos que le hicieron estremecer.

No dijo nada, porque no sabía que le podía decir. Solo esperaba a que se recuperase y decidiera moverse. Levantó una mano y le frotó torpemente la espalda, sintiendo como gemía contra su pecho y separaba los labios como si fuera a decir algo, pero las palabras no le salían. 

Cuando notó su respiración normalizada, se apoyó en su pecho y se incorporó. Agacha la cabeza avergonzado al ser consciente de sus actos, y de la incómoda posición en la que estaba, con David todavía en su interior. Se levantó lentamente liberando de su cuerpo ese miembro que le había hecho sentirse bien por unos momentos. Se sentó a un lado de la cama y se tapó la cara con las manos.

David se sentó a su lado y le pasó una mano por lo hombros para confortarle, para que supiera que a él no le había importado.

-Me siento tan avergonzado-dijo Bill entre sollozos.

-Está bien, no pasa nada-trató de calmarle David.

-Me pediste que no te volviera a besar, y lo que he hecho ha sido peor. Me debes de odiar por esto-susurró Bill sin atreverse a mirarle.

-Bill, yo también he colaborado. Solo quería hacerte sentir mejor, no verte tan triste y solo-murmuró David.

-Pues ahora no me encuentro bien, y sigo estando solo-dijo Bill levantándose.

Se inclinó a recoger sus boxers y salió del dormitorio con ellos de la mano. David vio como cerraba la puerta despacio y se recostó en la cama mientras se pasaba las manos por la cabeza. Cerró los ojos y gimió frustrado.

“¿Qué me ha pasado? ¿Cómo he sido capaz de hacerle algo así? Le he dado falsas esperanzas, le he hecho creer que yo he disfrutado cuando la verdad es que estaba aterrado… “

“¿No he disfrutado?”




Se vistió en el salón y volvió a ese incómodo sofá a tratar de pasar una noche más. Cerró los llorosos ojos intentando de no pensar en lo que acababa de suceder. No se lo podía creer, le había sido infiel… 

¿A quien? No estaba con nadie, su hermano ya no le aceptaba a su lado.

Además, todo lo empezó él, le fue infiel primero.

Pero al menos él si había disfrutado. No como él, que al darse cuenta de lo que había hecho se arrepintió nada más terminar. Por haberle hecho eso a la persona que le había brindado su confianza en esos duros momentos. La única que confiaba en su palabra, y dudaba que tras esa noche lo volviera a hacer…




Se despertó antes de lo habitual, o tal vez era que no se había dormido en lo que restaba de la noche. Se quedó quieto en la cama, tratando de no moverse del rincón más alejado en le que se había refugiado, tratando de no volver al medio de la cama que aún guardaba el calor de dos cuerpos.

Se levantó cuando ya no pudo dormir más y entró en el baño a lavar su cuerpo tras una noche de… ¿caridad? Porque de amor no había sido.

Salió y se vistió de manera informal. Ese día no habría ninguna reunión a la que asistir, y eso le daba miedo, quedarse a solas en el apartamento con él. Abrió la puerta de su dormitorio y asomó la cabeza, mirando como del sofá sobresalía una oscura cabellera que dormía plácidamente, o eso era lo que parecía... 

Entró en el salón y se dirigió a la cocina para prepararse el desayuno sin hacer ruido y despertarle, pero no era necesario.

-¿Tampoco podías dormir?-llamó Bill desde el sofá.

No pudo evitar dar un respingo y la taza que llevaba en las manos estuvo a punto de caer al suelo. Se giró con ella fuertemente agarrada y le miró fijamente sin saber que decirle o simplemente darle los buenos días, cosa que le sonaba ridículo en su cabeza.

Bill sintió su incomodidad y cerrando los ojos se dio la vuelta en el sofá. Se mordió los labios irritado. Debería haber fingido que seguía dormido, darle unos minutos para que pudiera desayunar tranquilo y meditar sobre la noche anterior antes de que él se despertara y le estropeara la mañana.

Sintió una mano en su hombro, pero aún así no se volvió. No quería que le viera, que notase en su cara su vergüenza, además de su tristeza.

David se sentó en el sofá y le soltó el hombro. Estaba claro que seguía disgustado.

-Bill, no hace falta que hablemos más del tema-dijo en voz baja.

-Te mereces una explicación, o tal vez una disculpa-murmuró Bill con la voz amortiguada por la almohada.

-No tienes que disculparte de nada, y las explicaciones sobran, no son necesarias. En parte te entiendo.

-¿Me entiendes?-le preguntó volviéndose.

-Pasabas por un mal momento y necesitabas desahogarte. Me viste y no te lo pensaste dos veces. De verdad, no te trates de disculpar-le aseguró incómodo David.

-¿Y si te dijera que pensaba que eras otra persona mientras lo hacíamos? ¿Qué de esa manera puede llegar al orgasmo, cerrando los ojos para no ver tu cara si no la de…?

“¿…mi hermano?”-terminó la frase en su mente.

David arrugó la frente. Sus palabras habían sido crueles, además del tono que había usado. Eso si que le había hecho daño.

-¿Lo ves? Soy una persona horrible, me merezco tu odio. Deberían encerrarme tal y como quieren, tirar la llave y no dejarme en libertad nunca más. Así no haría más daño a las personas que tratan de ayudarme.

Se cubrió la cara y rompió a llorar dándole la espalda. Subió la sábana y se cubrió con ella la cabeza. Ese día no pensaba abandonar el sofá si podía. No quería ver nada, no quería sentir nada…

David se levantó y le dejó llorar en soledad. Entró en el dormitorio e hizo una llamada desesperada. En esos momentos Bill necesitaba tener cerca de la persona que más le quería, y que él pensaba que le había abandonado.




Tras dos horas de espera, sonó el timbre de la puerta y corrió a abrir. En todo ese tiempo, Bill no se había movido del sofá y él no trató de obligarle. Había caído más en la depresión que llevaba arrastrando desde hacía tiempo, mucho antes de que las cosas se torcieran.

Abrió la puerta y tras saludar le deja pasar.

-Está en el sofá-indicó con una mano.

Simone asintió y corrió a consolar a su hijo pequeño. Se sentó a su lado y le abrazó fuertemente por la espalda mientras le besaba tiernamente en la mejilla.

-¿Mami?-preguntó Bill sin abrir los ojos.

-Estoy aquí, cariño-le contesta llorando.

Giró su cuerpo entre sus brazos y vio como había lentamente los ojos y esbozaba una sonrisa antes de aferrarse a su cuerpo y llorar contra su regazo.

David contemplaba la escena desde el marco de la puerta. Decidió salir del apartamento y darles algo de intimidad, no presenciar más dolor por parte del cantante.


Simone no dejó de abrazar el tembloroso cuerpo de su hijo, que se estremecía por el llanto sin poder articular palabra, para decirle lo mucho que la había echado de menos. Le acarició el pelo con las manos y comenzó a mecerle como cuando era pequeño y algo le asustaba. Recordaba como le sentaba en su regazo y le besaba la frente mientras escuchaba como le contaba sus miedos contra su cuello, en el que se refugiaba y lloraba.

Pero ya no era un niño para cogerle en sus brazos. Y aún así seguía sintiendo miedo, pero no se los contaba. Hacía tiempo que dejó de hacerlo, comenzó a apoyarse más en su hermano, y él no estaba allí en esos momentos para consolarle. Así que le tocaba a ella de nuevo.

-Bill, cariño-le llamó.

-No…me sueltes…-dijo Bill entre hipos.

-Nunca lo haré-aseguró Simone con voz firme.

Sin dejar de abrazarle, logró incorporarle. Le miró la cabeza que mantenía agachada y se la levantó con una mano para limpiar esas mejillas que estaban húmedas. Miró sus hinchados ojos y el dolor que había en ellos asomados, mordiéndose los labios al saberse culpable en parte.

-Siento mucho lo ocurrido-le dijo como consuelo.

-Tú no tienes a culpa de nada-contestó Bill en voz baja.

-Claro que sí, te abandoné cuando más me necesitabas.

-Tom te necesitaba también, no te podías dividir entre los dos.

Simone asintió sin decirle lo que de verdad sentía. Que nunca le cayó bien esa chica que cazó a su hijo mayor. La trataba bien por llevar a su nieto en su vientre, si es que de verdad era de su hijo. Pero vio como se metió en medio de los dos, como los separó y permitió que echara de su casa al hijo que más le necesitaba. Era su pequeño, siempre estaba pendiente de él, si se encontraba bien o se había puesto enfermo.

-Ahora estoy contigo, no te dejaré solo nunca más, puedes contar con mi apoyo. ¿Quieres volver a casa?-preguntó Simone esperanzada.

-Si, por favor-dijo Bill muy ilusionado.

Simone se levantó del sofá y le tendió una mano para que la imitase.

-Recoge tus cosas, nos vamos ahora.

-¿Y David? ¿Y Tom?-preguntó Bill confuso.

-David sabía que venía a por ti, de hecho me lo pidió. Te veía tan triste que sabía que necesitabas regresar a casa. Y Tom, pues se tendrá que aguantar-contestó Simone con firmeza- Eres su hermano, tienes todo el derecho de volver a una casa de la que jamás debiste escapar.

Bill entró en el dormitorio de David y abrió su armario sacando su bolsa de viaje. Comenzó a llenarla con su ropa, metiéndola de cualquier manera para salir de allí cuanto antes, pues había quedado claro que eso era lo que quería David. Ya no podría mirarle jamás a la cara sin sentirse incómodo, sin recordar esa única noche que tuvieron y que no se iba a repetir nunca más. 

Tras guardar sus cosas, se vistió y echó u último vistazo a la cama, ya hecha a esas horas de la mañana. Se acercó a ella y puso una mano encima, notando solo lo fría que estaba la colcha. Ya no quedaba ningún rastro del amor que se esparció sobre ella la noche anterior, solo quedaba la frialdad de unas sábanas con las que pasaría el resto de sus noches.

Se separó de la cama antes de que entrase su madre y le viera, y cogió la bolsa con firmeza. Salió del dormitorio y sonrió a su madre para indicarle que ya estaba listo. Caminaron los dos hacia la puerta y salieron del apartamento para ir al parking en donde Simone había aparcado el coche.




Llegó a casa, ¡por fin!, y bajó del conche sin poder evitar sonreír. Esa noche dormiría en su propia cama, rodeado de sus cosas y de la gente que le amaba, o al menos de algunas personas. Sabía que su hermano también estaría allí y podía que siguiera enfadado.

Se quedó rezagado mientras su madre se le adelantaba y abría la puerta con su llave. Miró a su alrededor, como si buscara a alguien que le dijera que no era bien venido, que fue echado de esa casa y no merecía regresar a ella.

-Bill, adelante-le invitó a pasar su madre.

La miró y sonrió. Era como si le hubiera leído el pensamiento. Caminó con paso decidido y entró en la casa en la que había vivido desde que era niño, con su hermano a su lado aunque no lo estuviera en esos momentos…

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