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Infidelidad (Tokio Hotel) - Cap.10

Caminó deprisa por la calle sin levantar la mirada, se ajustó más las gafas de sol para que no le reconociera nadie. Se escondía cada vez que veía pasar un coche de policía por si le estaban buscando ya. Sabía que en cuanto David le hubiera echado en falta, habría llamado a la policía.

Pero eso no le importaba en esos instantes, ya tendría tiempo luego de preocuparse. 

Suspiró aliviado cuando el bar apareció ante sus ojos y entró en el corriendo. Se quitó las gafas de sol una vez dentro de ese local tan oscuro a pesar de ser las 12 del mediodía. Se acercó a la barra y le pidió una cerveza al camarero. 

Apoyó los codos en la barra y reposó la cabeza en las manos, cerrando los ojos y suspirando. Se concentró en la música que salía de la máquina de discos que había a su derecha, preguntándose como era que un bar así no tenía una buena minicadena.

-¿Un día duro?-le preguntó el camarero al servirle la cerveza.

-Una mala vida-contestó cogiéndola.

Se la tomó de un trago y la dejó en la barra con fuerza mientras pedía otra con la mano sin dejar de toser.

-¿Quieres algo más fuerte? Está claro que lo necesitas, y no te preocupes que no te voy a pedir el carné-sugirió el camarero.

Bill se lo pensó dos veces y aceptó. Tenía razón, necesitaba algo más fuerte que una simple cerveza. Esperó impaciente hasta que el camarero le sirvió en un vaso pequeño un líquido amarillento que se bebió sin preguntar que era, soltando un gran jadeo cuando le abrasó la garganta.

Tosió con más violencia, pero pasados unos minutos se fue encontrando cada ve mejor y pidió una nueva consumición que se tomó mientras pensaba que de esa manera destrozaría su vida antes de que alguien lo hiciera por él.




-¿Tan mal lo ves?-le preguntó David a Kyle.

-No le quería mentir diciéndole que todo iba a salir bien-contestó Kyle suspirando-Tendremos que luchar muy fuerte para conseguir demostrar que esa chica solo va tras la fama de los hermanos. Ya he conseguido una orden del juez para hacerla más análisis, que demuestren que ese hijo que esperaba no era de Tom, entonces demostraremos que estaba mintiendo y Bill quedará absuelto.

David logró suspirar aliviado. Lo veía todo ahora más fácil, se demostraría que la chica mentía y el grupo volvería a ser el de antes. Entonces él les tendría más vigilados para que no volviera a suceder lo mismo.

-¿Qué tal se porta Bill?-preguntó Kyle “cambiando” de tema.

-Se le ve muy abatido. Intento que se sienta cómodo en mi apartamento, pero echa mucho de menos a su madre-explicó David recordando sus sollozos cuando habló con ella.

-Y también a su hermano-añadió Kyle-Mira como se puso cuando nos habló de la discusión con su novia. Le culpó de meterse en medio de los dos. Está claro que hay una unión muy fuerte entre ambos, y cuando se demuestre que es inocente, volverán a ser los mismos de siempre.

David asintió esperando a que tuviera razón. Se volvió hacia la puerta cuando esta se abrió y su secretaria asomó la cabeza tímidamente.

-Lo siento señor Jost, pero ha pasado algo que debería saber-le dijo en voz baja.

David se levantó asustado, sabiendo que era algo relacionado con Bill.

-Acaba de llamar el guarda de seguridad. Ha visto salir corriendo a Bill del edificio,…

Maldijo por lo bajo y salió al pasillo mientras sacaba el móvil y le llamaba. Esperó impaciente a que llegase el ascensor mientras escuchaba los tonos del móvil que nadie lo cogía. El ascensor llegó y entró corriendo en el, pulsando el botón de la planta baja varias veces como si así bajara antes.

Cortó la llamada sabiendo que no se la iba a coger y se quedó mirando el móvil, indeciso si llamar o no a la policía y meter así a Bill en más problemas. A sus padres tampoco podía llamarles por miedo a que ellos llamasen a la policía. Decidió guardarse el móvil y esperar ser él el primero en encontrarle.

El ascensor llegó a su destino y salió de el corriendo en dirección al parking, chocándose con las personas que se encontraba en su camino sin disculparse. Llegó a su coche y se subió a él decidiendo por donde empezar a buscarle. Se acordaba que en la sala había mencionado un bar al que fue antes del accidente con la chica. Decidió empezar por ahí, ir a la zona en la que estaba la sala en la que suspendieron el concierto y buscar por los bares, de seguro que esa noche no le apetecía andar mucho y entraría en uno de ellos.



Tras su cuarta copa, Bill sentía que la cabeza se le iba un poco, pero ya le daba igual. Comenzaba a sentirse mejor tras esa intensa mañana cargada de dolorosos recuerdos. Decidió que ya había llegado la hora de enfrentarse a la cruel realidad y sacó su cartera para pagar sus consumiciones, dejando una generosa propina al asombrado camarero.

Se levantó del taburete y caminó hacia la salida haciendo eses por el camino. Se ajustó las gafas de sol para que la claridad no hiriera sus ojos. Salió a la calle y empezó a caminar sin rumbo fijo, pero sus pies le llevaron hasta el callejón donde tanto disfrutó hacía ya dos noches. Entró en el sin saber que se podía encontrar, tal vez a la persona que tanto le hizo disfrutar…

Pero sus oraciones no fueron escuchadas y fue encontrado por la persona menos adecuada…

-¡Bill!-llamó David tirándole del brazo.

Le había visto salir del bar, y en cuanto encontró un sitio libre para aparcar salió corriendo en su busca, encontrándole en ese oscuro callejón.

-¿Dónde cree que vas?-preguntó muy enfadado tirando de él.

Bill se revolvió e intentó escapar de su agarre, pero estaba muy mareado y no tenía mucha fuerza en ese momento. Perdió el equilibrio y no cayó al suelo porque David se apresuró a cogerle entre sus brazos. Levantó la mirada y la fijó en sus ojos, observándolos detenidamente por primera vez tras sus oscuras gafas.

-A ti si te dejo besarme-murmuró arrastrando las palabras.

David casi le soltó al oírle. Se dijo que era el alcohol el que hablaba por él, aunque tras lo sucedido en el baño aquel día no estaba muy seguro. Logró incorporarle y cuando afianzó los pies en el suelo le soltó de un brazo, sujetándole firmemente por el otro.

-Ahora mismo nos vamos a casa-dijo tirando de él de nuevo.

-¿Casa? ¡Yo no tengo casa!-contestó Bill rompiendo a llorar.

-¡Lo que faltaba!-murmuró David soltándole.

Le dejó libre para que pudiera desahogarse con tranquilidad, colocándose en medio del callejón para que no intentase escapar de nuevo, observando como se quitaba las gafas de sol y las tiraba al suelo, cubriéndose la cara con ambas manos para llorar contra ellas.

-Nadie me quiere…-le oyó decir entre sollozos.

Suspiró viendo lo que se le venía encima. Si ya le costaba cuidar de él en condiciones normales, en esa situación iba a sudar sangre para lograr que le hiciera caso.

-Claro que te quiere mucha gente-le trató de consolar sin moverse de su sitio.

-La gente me da igual, yo solo necesito que me quiera una persona en todo el mundo……solo quiero a mi hermano….y le he perdido para siempre…..

-No lo has perdido, tu hermano te sigue queriendo mucho, nunca dejará de hacerlo. Dale tiempo y ya verás …

-¡No! Me lo dijo…que ya no me quería, a pesar de que yo le dije…

No pudo terminar la frase, la palabra amor se le atragantó en la garganta provocándole una gran arcada. Se dobló en dos y echó sobre el suelo del callejón todo el alcohol que le hizo sentirse relativamente bien hacía escasos minutos. Se sujetó el pelo con una mano mientras que con la otra se apoyaba en la pared mientras se inclinaba más y vomitaba.

David volvió a maldecir por lo bajo y esperó paciente mientras sacaba de su bolsillo un pañuelo perfectamente planchado que le tendió cuando las arcadas remitieron. Bill lo cogió y se limpió con el los labios y las húmedas mejillas. Le seguía dando la espalda avergonzado, mientras que su cuerpo comenzaba a temblar por el esfuerzo.

-¿Nos vamos?-preguntó David rozando ligeramente su hombro.

Bill asintió y aceptó la mano que le ofrecía. Dejó que le rodease la cintura con el brazo y se apoyó en él para poder caminar y salir del oscuro callejón.

-Me había parecido reconocerte, aunque veo que ya no me necesitas-le dijo una voz conocida al salir del callejón.

Levantó la cabeza y vio al chico con el que estuvo aquella noche. Se puso tenso contra el cuerpo de David, no sabiendo que podría estar pensando tras oír sus palabras.

Pero David no dijo nada, prefirió callarse para sí lo que le estaba pasando por la cabeza en esos momentos. Aferró más el cuerpo de Bill y caminó hacia donde ha dejado el coche. Le ayudó a sentarse en el y rodeando el coche ocupó su asiento, fijándose mejor en el chico que les había hablado y que les miraba con interés desde la acera de enfrente. No le gustaba nada el aspecto que tenía, y no se podía imaginar que le había pasado por la cabeza a Bill para haber llegado a tener algo con él.

Entró en el coche y lo puso en marcha, deseando de salir de allí cuanto antes. Por el camino miró a su acompañante, viéndole dormitar con la cabeza apoyada en el cristal de la ventanilla. Vio su gesto de dolor en su cara contraída y frunció la frente con tristeza. No sabía que podía hacer para que se sintiera bien…


Llegaron a su apartamento y tras aparcar en su plaza del parking, apagó el motor y se giró para despertarle, zarandeándole por el hombro con suavidad.

-Vamos Bill, no me lo pongas más difícil-suplicó llamándole.

Escuchó como gruñía en sueños y vio que comenzaba a abrir los ojos con pesadez, levantando una mano y los frotándoselos cuando la luz le hirió en ellos, buscando a tientas sus gafas de sol en el bolsillo de su cazadora.

-Se te cayeron en el callejón, ¿recuerdas?-dijo David.

Bill asintió mientras resoplaba y comenzaba a intentar desabrocharse el cinturón de seguridad, teniendo que ser ayudado porque sus temblorosos dedos no acertaban.

David salió del coche y lo rodeó para ayudarle a él. Abrió la puerta despacio y le cogió del brazo tirando de él con suavidad. Le volvió a coger por la cintura y cerró el coche con el mando a distancia, caminando con él hacia el ascensor.

Una vez en su piso, abrió como pudo a puerta de su apartamento y le hizo entrar, quedándose parado en la mitad del pasillo y mirando su incómodo sofá. Decidió llevarle a su dormitorio para que descansase en una cama blanda su dolorido cuerpo. Le hizo sentarse en su propia cama y se separó para observarle con atención. Llevaba la camiseta manchada y los pantalones salpicados. Suspiró porque no le quedaba más remedio que ayudarle a desnudarse.

Se inclinó sobre él y le sacó la cazadora. Una vez sin ella, le vio poner los codos sobre sus rodillas y apoyar la cabeza en las manos mientras gemía por lo bajo. Si no se daba prisa, se quedaría dormido y no colaboraría.

-Levanta los brazos-pidió tirando del borde de su camiseta.

Bill le obedeció con los ojos cerrados y permitió que se la quitase. Una vez sin ella, sus manos se dirigieron a sus pantalones, pero como ya le costara desabrocharse el cinturón en el coche, una vez más tuvo que ser ayudado. Sintió como las manos de David le apartaban las suyas y le desabrochaba el cinturón.

-Puedo yo solo-susurró medio consciente de la situación.

Sabía que a David le estaba costando, tras lo nervioso que se puso al recordar lo que ocurrió en el baño y sabía que le daba miedo quedarse a solas con él por si se volvía a suceder. Se incorporó lo suficiente para bajarse los pantalones, pero perdió el equilibrio y sintió sus manos de nuevo en su cuerpo.

David vio que estaba a punto de caer y corrió a sujetarle, obligándole a tumbarse y tras descalzarle le despojó de una vez de toda la ropa. Vio como se echaba de lado y se quedaba en la cama encogido, abrazando su cuerpo con sus propios brazos. Cogió una manta que había sobre la butaca de su dormitorio y le tapó con ella antes de entrar en el baño. 

Abrió el armario y sacó de el una tableta de pastillas de menta, sacando una de su envase y cerrando el armario de nuevo. Regresó al dormitorio y le tocó en el hombro para que le mirase. 

-Te aliviará el estómago-le dijo mostrándole la pastilla cuando logró fijar los ojos en él.

Bill negó con la cabeza, en esos momentos su estómago no aceptaba ningún tipo de alimento. Pero David actuó con rapidez y cogiéndole la barbilla con una mano le obligó a separar los labios y deslizó en su boca la pastilla.

-Deja que se deshaga-le dijo satisfecho.

Fue hacia la ventana y bajó la persiana, dejando la habitación en penumbras. Salió del dormitorio y viendo lo tarde que era se preparó un almuerzo ligero que se tomó sentado en el sofá. Estaba terminando cuando sonó su móvil, cogiéndolo deprisa al ver que se trataba del abogado.

-¡Kyle!-le saludó.

-Por favor, dime que lo has encontrado-rogó el abogado.

-Sí, perdona, te tenía que haber llamado. Estamos en mi apartamento, no se encontraba bien y está descansando-le explicó sin entrar en detalles.

-Eso está bien. Te llamo para contarte lo que he descubierto-dijo Kyle cogiendo aire- En el hospital no me han dejado ver el historial de la chica, pero les amenacé con pedir una orden al juez y demandarles por no colaborar, y al final la enfermera se vino abajo y me contó que el médico se había llevado el historial, cosa que es muy extraña. Entonces les pedí amablemente que repitieran los análisis sin que el médico se enterara y mañana me darán los resultados. Ya estoy investigando al médico, me parece muy sospechoso.

-Son muy buenas noticias, se lo diré a Bill para que se anime un poco-dijo David sonriendo.

-No le quites el ojo de encima, fue muy imprudente salir huyendo en estos momentos-se despidió Kyle sin esconder su enfado.

Tras prometerle que así lo haría, David colgó el móvil y se levantó el sofá. Fue a la cocina y preparó un café bien cargado con el que tratar de espabilar al cantante para que así escuchase mejor la buena noticia.

Entró en su dormitorio y dejó la taza en la mesilla, dando la suave luz de la lámpara para no dañar sus ojos con la luz del día. Observó como dormía plácidamente, tumbado boca abajo sobre su estómago y con el pelo cayendo sobre su pálida cara. Le tocó el hombro y le zarandeó con suavidad hasta lograr arrancar una protesta de sus labios.

-Vamos, despierta. Tengo que darte una buena noticia-le dijo suavemente.

Bill gimió mientras se daba la vuelta y apartaba el pelo de su cara.

-¿Todo ha sido una pesadilla?-preguntó frotándose la frente.

-Me temo que no-dijo David sentándose en la cama y señalando la mesilla-Tómate el café mientras te lo cuento.

Bill lo miró y estaba a punto de negarse, pero recordando como le obligó a tomar esa pastilla de menta que tan bien le había sentado, decidió tomarse el café antes de que de nuevo le obligase. Se incorporó lentamente y se recostó contra el cabecero de la cama mientras que David le acercaba la taza. La cogió en sus manos y se la llevó a los labios, soplando para enfriarlo y bebiendo un largo trago.

-Está muy fuerte-protestó arrugando la frente.

-Si no, no hace efecto-explicó David muy serio.

Siguió tomándose el café con esfuerzo, que poco a poco le iba despejando la nublada cabeza. Cuando no pudo más, dejó la taza en la mesilla y se dispuso a escuchar la noticia.

-Kyle cree haber encontrado algo. El médico qua ha tratado a la novia de tu hermano se ha levado el historial del hospital, porque seguro que hay algo en ellos que no quiere que veamos. Le van a hacer análisis nuevos a la chica y ya verás como encontramos algo sospechoso-explicó David muy ilusionado.

-Prefiero no hacerme ilusiones para ver luego como se esfuman de mis dedos. Ya no quiero seguir sufriendo-murmuró Bill agachando la cabeza.

David arrugó la frente al escucharle. Sabía que tras esas palabras se escondía algo más doloroso que los problemas a los que se enfrentaba en esos momentos.

-¿Quién era el chico del callejón?-le preguntó sin poder contenerse.

-Nadie-respondió Bill muy deprisa levantando la cabeza.

-Dijo que te había reconocido…

-Sería algún fan, no le había visto en mi vida…Me apetece darme un a ducha-dijo cambiando radicalmente de tema.

-Estás en tu casa-murmuró David levantándose de la cama.

Vio que él hacía lo mismo apartando la manta a un lado y caminando descalzo solo con los boxer hasta el baño, en donde se encerró. Decidió no indagar más en el tema, le había visto ponerse a la defensiva y asomar el miedo a sus ojos…

¿Por qué seguía ocultando un secreto que ya comprobó en sus propios labios?


Tras ducharse y dejarse convencer para que comiera algo, descansaba una noche más en el incómodo sofá. Llevaba casi dos horas dando vueltas sin poder dormirse. Cerraba los ojos y veía a sus padres saliendo de la discográfica sin levantar la mirada hacia la ventana en la que les llamaba a gritos llorando. Veía como su hermano se alejaba cada vez más de su lado, sin importarle dejarle con el corazón destrozado…

Decidió levantarse y caminó por el silencioso apartamento mientras se limpiaba las lágrimas que bajaban por sus mejillas. Se acercó a la ventana y corrió la cortina para ver como dormía la ciudad, pensando si su hermano estaría haciendo lo mismo que él, tratar de dormir sin ver su cara cada vez que cerraba los ojos.

Miró su reflejo en el cristal y volvió a ver los ojos de su hermano. Estiró una mano y tocó en el frío cristal el reflejo de sus propios labios, imaginando que eran los de su hermano. Sentía una punzada de dolor en su alma. Hacía mucho que nadie le besaba y lo echaba de menos. Sentir el aliento de otra persona acariciar sus labios antes de ser rozados con un beso…

Se alejó con brusquedad de la ventana. Se obligó a dejar de pensar en eso, no puede seguir viviendo de los recuerdos. Su hermano se había ido de su lado, para siempre. Aunque saliera de ese lío, siempre recordaría el daño que le hizo con sus palabras, al estar con esa chica, por desconfiar de su palabra,…

Volvió al sofá con intención de tratar de conciliar el sueño, pero sentía que necesitaba ir al baño. Se mordió los labios mirando la puerta cerrada del dormitorio de David. Tendría que entrar sin hacer ruido. Se levantó y se coló en el dormitorio con sigilo sin mirar hacia la cama desde la que le llegaba su suave respiración.


Entró en el baño y tras aliviar su vejiga se lavó las manos. Salió del baño y antes de que pudiera salir del dormitorio, se paró en seco en mitad del camino al escuchar como era lanzado un suspiro. Sabía que no debía hacerlo, pero se acercó a la cama y le observó dormir unos minutos sin moverse del sitio.

Por la persiana bajada hasta la mitad le llegaba la débil luz de la luna. Dejó que su mente jugase con las sombras que formaba y le hicieran ver en esos dormidos labios los de su hermano.

-¿Tom?-gimió por lo bajo.

Se llevó una mano a la boca para ahogar un sollozo, rozándose los labios mientras estiraba la otra mano inclinándose sobre la cama y rozando los de David. Cerró los ojos y se deja levar por su dulce locura. 

Ya no era David el que estaba dormido en esa cama, era su hermano que le sonreía y le recibía con los brazos abiertos…

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